En un evento con más humo que un asado de barrio, José Miguel Bejos, el nuevo mandamás del Atlas, presentó el futuro: un estadio tan brillante que necesitará lentes de sol. El pasado 7 de octubre de 2026, ante más de 1,500 fieles reunidos para el Clásico Tapatío, se prometió una era de gloria intergaláctica.
Bejos, con elocuencia de vendedor de enciclopedias, se autodenominó un simple «administrador temporal». Luego, lanzó la pregunta del millón: «¿De quién es realmente este club?». Antes de que alguien pudiera responder «Del SAT», él mismo contestó con solemnidad: «¡De La Fiel!». La gente aplaudió, conmovida hasta las lágrimas por la inspiradora poesía corporativa. El clímax fue un video del estadio para 40,070 almas, narrado por el filósofo contemporáneo Peso Pluma. Mientras el cantante describía vigas y cimientos, uno se preguntaba si el siguiente render sería presentado por Shakira. La construcción, convenientemente, inicia en 2027 para abrir en 2030, una fecha lo suficientemente lejana como para que todos olvidemos esta promesa si las cosas salen mal.
El técnico Hernán Crespo comparó la hazaña con «tener casa propia», un hogar que llenará al equipo de «responsabilidad». Dicha responsabilidad se manifestó de inmediato con un emocionante y soporífero empate 1-1. El «proyecto de época», como lo llamó Bejos, arrancó con la misma chispa que una galleta salada mojada, mientras Aldo Rocha aseguraba que los jugadores «se van a matar» por la playera, probablemente de aburrimiento si todos los partidos son así.
Así, Atlas se embarca en un viaje hacia 2030, con planos futuristas y una banda sonora de moda. La afición ya sueña con el nuevo coloso, esperando que para cuando se inaugure, el equipo haya aprendido a ganar partidos que no terminen en un apretón de manos diplomático.



