Trump se inventa una tregua energética y se enfada porque nadie le hizo caso

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En un giro de guion más predecible que el final de una telenovela, el presidente estadounidense Donald Trump decidió, al parecer mientras se servía el desayuno, que había un alto el fuego energético entre Rusia y Ucrania. El anuncio, que pilló a todo el mundo con la guardia más baja que en rebajas, dejó a Volodímir Zelenski con cara de no saber si reír o llamar a un psiquiatra. Al parecer, Trump, más preocupado por el precio de la gasolina que por la coherencia mundial, creyó que con declararlo se solucionaba todo. Para rematar la faena, anunció que le compraría diésel a los rusos, lo que en Ucrania sentó tan bien como una paella con chorizo.

Informe El Chapucero

Desde Kiev, la respuesta fue un educado «¿pero qué demonios?». Zelenski, que se enteró del supuesto pacto por la prensa como si fuera un cotilleo de la vecina, declaró que estaba «esperando los detalles» del acuerdo que, al parecer, solo existía en la mente de Trump. «Esto podría funcionar si los estadounidenses de verdad se aseguran de que los rusos cumplan», dijo, en un tono que se traducía como: «A ver si el que lo ha inventado se hace responsable de su fantasía». La prueba de la farsa no tardó en llegar: minutos después del «alto el fuego», una central térmica en Járkov fue bombardeada, demostrando que las promesas rusas tienen la misma credibilidad que un político en campaña.

La Unión Europea, por su parte, reaccionó como ese amigo que ya está harto de tus ocurrencias. Mientras abofeteaban a Rusia con casi 1,600 nuevas sanciones, pedían por lo bajo a Washington que dejara de jugar a la diplomacia de improvisación y se pusiera serio. «Preferiríamos un alto el fuego que impida que haya muertes», soltó Kaja Kallas, la jefa de política exterior, con una sutileza arrolladora. Emmanuel Macron, con su típica elegancia francesa, simplemente se encogió de hombros y dijo que él no había visto ni rastro de tregua por ninguna parte. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie en Ucrania miraban la noticia con el escepticismo de quien ha sido estafado demasiadas veces: «Creerle al agresor es como esperar que tu ex te devuelva el dinero que le prestaste. No va a pasar».

Lejos de admitir su metedura de pata, Trump se puso hecho una furia y, según los chismorreos, amenazó a Kiev con cortarles el internet y el suministro de armas si no dejaban de atacar las refinerías rusas que, según él, le estaban arruinando las elecciones. En un acto de cinismo galáctico, el hombre cuya propia guerra en Irán tiene los precios del combustible por las nubes, le echó la culpa a Zelenski. «¡Más te vale parar!», le habría gritado por teléfono, sugiriendo de paso que los ucranianos deberían buscarse otro líder. Zelenski, con la paciencia de un santo, respondió que él convocaría elecciones cuando Putin quisiera, pero que la decisión, faltaría más, era de los ucranianos. El circo continúa, y la entrada es gratis.

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