¡Se acabó la fiesta! Tío Sam patea a Microsoft por tramposo con los empleados

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En un giro de los acontecimientos más inesperado que encontrar a un político que cumple sus promesas, el Gobierno de Estados Unidos ha decidido darle un coscorrón a Microsoft, Adobe y su pandilla de gigantes tecnológicos. Resulta que el Tío Sam, en un arrebato de paternidad responsable, les ha quitado las llaves del programa que les permitía traer trabajadores extranjeros como si fueran especias exóticas, acusándolos de hacer más trampas que un concursante de reality show. El objetivo, dicen, es que dejen de buscar talento en la otra punta del mundo y empiecen a mirar en su propio patio trasero.

Informe El Chapucero

El vicepresidente JD Vance, con un tono que mezclaba el de un padre decepcionado y el de un entrenador de fútbol americano, soltó la perla: «Nuestro mensaje para Microsoft es: son una gran empresa, sí, pero es hora de que contraten a los grandes trabajadores de aquí, ¿entienden?». A la fiesta del regaño se unió el Secretario de Trabajo, Keith Sonderling, quien añadió que a otras empresas como Cognizant, Infosys y Tata también se les acabó el chollo. «Ni una solicitud más», dijo, básicamente cerrándoles la puerta en las narices y poniendo un cartel de «Se busca gente local, por favor».

El truco maestro de estas compañías estaba en un proceso llamado «PERM», que suena a tratamiento de peluquería pero que en realidad era su varita mágica. Consistía en ir al Departamento de Trabajo con cara de pena y jurar por la salud de su director ejecutivo que no había ni un solo estadounidense cualificado, disponible o con ganas de ocupar un puesto. Era el equivalente a poner un anuncio de trabajo en latín y luego decir: «¡Vaya, qué raro, nadie aplicó!». Este era el paso previo para conseguir la ansiada tarjeta de residencia para sus empleados importados.

Y como si el drama no fuera suficiente, la inquisición laboral también va a caer sobre nueve universidades de esas donde la matrícula cuesta más que un riñón en el mercado negro, incluyendo a Harvard, Yale y Stanford. La acusación es que, presuntamente, traían estudiantes internacionales con el único propósito de pagarles con vales de comida y así mantener los salarios más bajos que el ánimo de un lunes. Así que, mientras los titanes se sacan los ojos, el ciudadano de a pie se prepara para ver si, de rebote, le cae un puesto de trabajo o si todo queda en otra pelea de millonarios.

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