La Unión Europea intenta el divorcio de China y descubre que no le alcanza ni para el súper.

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En un giro de los acontecimientos más predecible que el final de una telenovela, la Unión Europea se ha dado cuenta de que depender de China para todo lo importante es como dejarle las llaves de tu casa a tu suegra: una pésima idea a largo plazo. En un ataque de independencia tardía, han decidido que ya es hora de buscar sus propias materias primas, como un adolescente que por fin se pone a buscar trabajo para no tener que pedirle dinero a sus papás para el cine.

Informe El Chapucero

La Comisión Europea, actuando como esa tía que siempre tiene un plan para todo, ha seleccionado 46 «proyectos estratégicos» a los que les van a dar una palmadita en la espalda y les dirán «¡échale ganas!». La idea es que conseguir permisos sea más rápido que pedir una pizza y que encontrar financiación no sea tan difícil como entender la factura de la luz. ¿El objetivo? Dejar de hacerle berrinches a Pekín cada vez que estos deciden cerrar el grifo de los minerales raros, esos que se usan para fabricar desde un iPhone hasta un misil, demostrando que la dependencia económica es el nuevo «visto» de WhatsApp a nivel geopolítico.

El plan suena espectacular, digno de una película de acción con presupuesto ilimitado. Para 2030, la UE quiere sacar de su propio patio trasero el 10% de lo que necesita, procesar el 40% y reciclar el 25%. El problema, como siempre, es la lana. Se necesitan unos 21,100 millones de euros, una cifra que hace que los 2,000 millones que ya han «movilizado» parezcan el cambio que encuentras en los cojines del sofá. Los promotores de los proyectos ya están advirtiendo que, sin una inyección de capital urgente, sus planes se van a quedar en un bonito Power Point.

Y aquí viene la mejor parte del chiste: la Comisión no va a soltar la pasta directamente. No, señor. Su papel es más bien el de una «celestina financiera». Básicamente, les van a «facilitar el acceso» a la financiación, que es el equivalente burocrático de presentarte a un primo rico en una fiesta y desearte suerte. Mientras Alemania se pone a escarbar en su jardín buscando litio y Grecia desempolva sus minas, la Comisión les pasa el teléfono de los prestamistas y les dice «ahí hablas tú, campeón».

Así que mientras la UE intenta montar su propio chiringuito de minerales para no depender de nadie, el resto del mundo observa con una bolsa de palomitas. Es el drama de la independencia económica: todos quieren ser libres, pero nadie quiere pagar la fianza. Veremos si este arranque de dignidad europea termina en una exitosa emancipación o en una llamada a China a las tres de la mañana diciendo: «Oye… ¿sigues despierto? Es que se me acabó el cobalto».

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