Flávio Bolsonaro le pide a su ejército de tiktokeros que ahora sean hippies por la paz

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En un giro de guion más inesperado que el final de una telenovela turca, Flávio Bolsonaro, heredero del caos y candidato de la oposición brasileña, reunió a unos 400 fenómenos de internet para una misión casi imposible: pedirles que, por favor, le bajen dos rayitas a la agresividad. En un acto en São Paulo, el senador les suplicó que dejaran de vender la campaña como una pelea de bar entre la izquierda y la derecha, y que mejor se dedicaran a mostrar que “el Estado no puede entorpecer la vida de las personas”.

La nueva directiva es clara: dejen de gritar “¡comunismo!” cada cinco segundos y empiecen a susurrarle al oído del votante que el gobierno es como ese tío que se come todos los bocadillos en la fiesta y no te deja disfrutar. Según su equipo, los asistentes suman 200 millones de seguidores, una cifra que suena a que contaron hasta las cuentas de los perros y los perfiles falsos. Horas después de su discurso de “paz y amor”, Bolsonaro se olvidó del incienso y en un video llamó a Lula “rencoroso y vengativo”. O sea, gobernar para todos… menos para ese de allá.

Entre los convocados estaba la prueba de que vivimos en una simulación, Lucas Pavanato, un diputado que pasó de hacer videos virales a conseguir más votos que sentido común. Este muchacho es la personificación del sueño moderno: tener tantos seguidores que el sistema te da un cargo público para que dejes de molestar en internet. Un verdadero ejemplo de que hoy en día, para ser político, es más importante tener un buen aro de luz que un plan de gobierno coherente.

Este repentino ataque de pacifismo de Flávio es más sospechoso que un político que cumple sus promesas. No hay que olvidar que es el hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente que actualmente disfruta de una larga estancia en prisión por, digamos, un “entusiasta desacuerdo” con los resultados electorales. De hecho, Flávio impulsa un proyecto de amnistía para sacar a su padre y a sus amigos de ese “retiro espiritual” forzado. Es como si el hijo del Guasón pidiera un minuto de silencio por las víctimas de Ciudad Gótica.

Todo este teatro se debe a que las encuestas están más apretadas que un par de vaqueros después de la cena de Navidad. La diferencia entre Bolsonaro y Lula es tan minúscula que técnicamente es un empate, y el resultado podría decidirse lanzando una moneda al aire. Por eso, la campaña apuesta sus últimas fichas a convencer a ese grupo de votantes que, a días de la elección, todavía están decidiendo su voto como si eligieran qué serie ver esta noche. El futuro de un país en manos de los indecisos. ¡Agárrense

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