Parece que México y España por fin dejaron de mandarse indirectas en redes sociales y decidieron ir a terapia de pareja. El encargado de presumir que ya no duermen en sofás separados fue el canciller mexicano, Roberto Velasco, quien, con el pecho inflado como pavo real en celo, anunció que las relaciones están en «uno de sus mejores momentos». Traducido del lenguaje diplomático al de los simples mortales: ya pueden estar en la misma habitación sin que alguien saque a colación “lo de la Conquista” cada cinco minutos.
Según Velasco, el deshielo del corazón se debe a citas súper románticas como la de Claudia Sheinbaum y Pedro Sánchez, y hasta una visita del mismísimo Rey Felipe VI, que probablemente fue más incómoda que una cena de Navidad con tu suegra. Ahora, tras años de pedir disculpas como si fuera la contraseña del wifi, se habla de una «nueva etapa de diálogo y respeto». Es decir, acordaron tácitamente cambiar de tema cuando la conversación se pone densa y hablar del clima o del último capítulo de la telenovela de turno.
Pero México, como quien sale de una relación tóxica, ya anda presumiendo sus otros ligues. Velasco sacó a relucir su intensa agenda con la Unión Europea, firmando acuerdos como si coleccionara cromos. El resultado: acceso a un mercado de 450 millones de personas y un cheque de 5,000 millones de euros de la Comisión Europea para «proyectos estratégicos». Una movida clásica para darle celos al ex, demostrando que ahora tiene un patrocinador con más dinero. Todo, por supuesto, porque «la diplomacia existe para servir al pueblo», un pueblo que, al parecer, necesitaba urgentemente un nuevo socio comercial millonario.
Y luego está la relación con el vecino ruidoso del norte, Estados Unidos. Velasco juró y perjuró que México «condujo con soberanía» la relación, lo que suena a cuando intentas convencer a tus amigos de que tú mandas en casa, aunque todos sepan quién paga las cuentas. Enumeró principios como «respeto mutuo» y «cooperación sin subordinación», frases que suenan muy bien en un discurso, pero que en la práctica se parecen a negociar con el dueño del edificio que te va a cortar la luz. Para demostrar que son buenos inquilinos, presumió que bajaron los cruces ilegales, decomisaron fentanilo a lo bestia y hasta capturaron a varios de los más buscados del FBI, como si estuvieran completando un álbum Panini de criminales para impresionar a Washington.
En resumen, el canciller dio un discurso que fue una obra maestra del «querer quedar bien con todo el mundo». Por un lado, defiende la soberanía como si fuera el último trozo de pastel en una fiesta infantil y, por otro, presenta un informe de resultados tan detallado que parece una presentación de empleado del mes para la Casa Blanca. Con la misma serenidad con la que uno publica un estado pasivo-agresivo, Velasco concluyó que, frente a un mundo complicado, México actúa con «dignidad e inteligencia». O sea, que han aprendido a sonreír para la foto mientras cruzan los dedos por debajo de la mesa.




