Parece que en la soleada isla de Cuba han encontrado una solución innovadora para las quejas ciudadanas sobre los apagones y la nevera vacía. En lugar de mandar más electricistas o camiones de comida, el gobierno ofrece un paquete turístico con todo incluido de hasta trece años en sus acogedores centros penitenciarios. ¡Una oferta que no podrás rechazar, literalmente!
En el pintoresco municipio de Morón, un grupo de dieciocho ciudadanos, incluyendo a seis jóvenes que seguramente solo querían cargar el móvil para ver TikTok, decidieron organizar un festival de percusión con cazuelas y sartenes. Su «crimen» fue expresar su descontento por vivir en un modo de supervivencia que haría palidecer a los concursantes de cualquier programa de telerrealidad. Como parte de su actuación, le hicieron un rediseño de interiores no solicitado a la sede local del Partido Comunista, lo que al parecer no estaba en la agenda cultural del gobierno.
La fiscalía, con un sentido del humor más negro que un apagón de 90 horas, ha calificado esta serenata de utensilios de cocina como «sedición». Al parecer, en el nuevo diccionario revolucionario, pedir luz y comida es un acto de alta traición, un peldaño por debajo de ponerle piña a la pizza. Los menores de edad involucrados recibirán un curso intensivo de civismo y derecho penal, pero desde el lado equivocado de los barrotes.
Al final, el mensaje del gobierno es cristalino como el ron que ya no encuentran: si la vida te da limones, no hagas limonada, y mucho menos te quejes de que no hay azúcar. Cállate y aprende a disfrutar del sabor ácido de la revolución, porque la única luz garantizada es la del foco de la celda. Al menos allí, dicen las malas lenguas, las tres comidas al día son más puntuales que el discurso del presidente.




