En un giro de los acontecimientos que demuestra que la burocracia puede arruinar hasta la más simple de las diversiones, el Tribunal Electoral de Brasil ha decidido meter sus narices en los grupos de WhatsApp. Sí, leíste bien. Mientras tú te preocupas por pagar la hipoteca, siete jueces con togas muy serias han dedicado su tiempo a regular el equivalente a una reunión de vecinos digital, pero con más memes y menos quejas sobre el ruido.
La nueva regla de oro es más enredada que un cable de audífonos viejo: si un canal de WhatsApp que apoya a un candidato recibe ayuda técnica o financiera, tiene que registrarse ante el Tribunal como si fuera un coche nuevo. Pero, ¡ojo al dato!, si tu tía decide por su cuenta inundar el chat con 500 stickers de Piolín con la cara de Lula, eso se considera «apoyo espontáneo» y no cuenta. Aparentemente, el mal gusto no es un delito electoral.
El protagonista de este culebrón digital es el canal «Ejército de Lula», un batallón de más de cuatro millones de pulgares listos para la batalla del reenvío masivo. El canal ha tenido más idas y venidas que una relación tóxica: el sábado lo suspendieron, horas después lo revivieron, el martes lo volvieron a tumbar y, tras un papeleo de última hora, lo resucitaron de nuevo. Parecía más un capítulo de telenovela que una decisión judicial seria.
El administrador del grupo, el diputado André Janones, que probablemente tiene el título de «General de los Memes», ha puesto el grito en el cielo, acusando al Tribunal de «censura» y de tener un favoritismo descarado por la campaña de Bolsonaro. Mientras tanto, los cuatro millones de miembros del canal esperan el próximo giro dramático, probablemente en forma de un sticker animado, demostrando que la política moderna se decide menos en las urnas y más en quién tiene el poder para silenciarte el grupo.



