Donald Trump le mete más filtros a la realidad que una estrella de telenovela en decadencia

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En un giro de los acontecimientos que solo podría ocurrir en una realidad paralela o en la cuenta de Truth Social de Donald Trump, el expresidente ha decidido que la diplomacia internacional se ve mejor con un par de retoques digitales. Al parecer, la realidad es demasiado aburrida, o peor aún, no lo favorece lo suficiente, así que ¿por qué no darle una manita de gato con la misma tecnología que usan los adolescentes para ponerse orejas de perro en las fotos?

El Chapucero - Segunda Entrega
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La más reciente obra de arte de la propaganda barata nos llega desde una cumbre con el presidente chino, Xi Jinping. En la foto oficial, subida por el propio Trump, nuestro héroe luce impecable: corbata azul lisa y un misterioso guante negro solitario, en un aparente y fallido tributo al Rey del Pop. El problema es que las fotos y videos reales, esos fastidiosos documentos de la aburrida realidad, lo mostraban con una corbata a rayas y, sorpresa, ¡dos guantes! Como si fuera una persona normal que se abriga del frío. Pero la magia digital no se detuvo ahí: una mujer en el fondo cambió de zapatos como por arte de birlibirloque y hasta una marca en el avión chino desapareció. Misterios dignos de un programa de investigación paranormal.

Pero la verdadera joya de esta chapuza digital fue lo que se eliminó. La foto fue tomada justo cuando un avión militar pasaba rugiendo, provocando que Trump pusiera una cara de susto y desconcierto que se esparció por internet más rápido que un chisme de oficina. Esa mueca, ese glorioso momento de humanidad que lo hacía parecer un turista que acaba de probar un chile habanero por primera vez, fue borrada del mapa. En su lugar, nos dejó una estampa de serenidad y poderío… tan falsa como un billete de tres pesos.

Y mientras el magnate se dedica a jugar al director de arte con la política exterior, también intenta jugar al portero de discoteca con la prensa. Justo ahora, cuando su mundo de fantasía digital está en su apogeo, ha intentado prohibir la entrada a la Casa Blanca a periodistas de medios que, al parecer, no usan los mismos filtros que él. La movida fue tan torpe que, en un milagro navideño fuera de temporada, las cadenas de televisión rivales se unieron en solidaridad y dejaron de cubrir sus eventos. Es la versión política de «si no te gusta mi foto editada, no estás invitado a mi fiesta».

Así que, mientras los expertos confirman que la imagen está más retocada que la cara de una celebridad en portada de revista, nos queda preguntarnos qué sigue. ¿Fotos donde le añade bíceps a Putin para que parezca más amistoso? ¿O tal vez editará a Xi Jinping con un sombrero de charro para fomentar la amistad entre naciones? En el universo Trump, la realidad no es más que una sugerencia, y el botón «mejorar» es la herramienta diplomática más importante.

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