Diplomáticos de México y Estados Unidos se juntan a tomar café y a fingir que no se espían

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En un episodio más de la serie «¿Amigos o solo conocidos con beneficios geopolíticos?», el secretario Roberto Velasco y el embajador gringo Ronald Johnson se sentaron a platicar sobre sus cositas. La excusa oficial fue «dar seguimiento a temas de la agenda bilateral», que es el eufemismo que usan los políticos para decir «a ver si esta vez no terminamos a sombrerazos». El tema principal, como siempre, fue la «cooperación en seguridad», también conocida como el arte de echarse la bolita mutuamente.

Informe El Chapucero

Según un comunicado de la cancillería, tan breve que parecía mensaje de texto de un adolescente, la charla fue un éxito rotundo. Conversaron sobre «resultados positivos» basados en principios que suenan a manual de autoayuda para parejas en crisis: «respeto a la soberanía» (o sea, «no te metas en mi casa sin tocar, canijo»), «responsabilidad compartida» («si algo sale mal, la culpa es de los dos, pero más tuya»), «confianza mutua» (cruzar los dedos y esperar que el otro no te clave un puñal) y la joya de la corona, «cooperación sin subordinación» (la frase que todos quisiéramos decirle a nuestro jefe). Por supuesto, no dieron más detalles, porque los chismes jugosos nunca se publican en redes sociales.

Este cafecito diplomático fue solo el aperitivo antes del plato fuerte: la reunión de Johnson con la presidenta Claudia Sheinbaum y un montón de empresarios con cara de preocupación. Cuando le preguntaron a la mandataria si hablaría de seguridad con el embajador, ella respondió con esa evasiva que perfeccionan en la escuela de política, básicamente un «ya veremos» que deja todo en el aire. Es como preguntarle a tu pareja «¿qué vamos a cenar?» y que te responda «comida».

Y para echarle más limón a la herida, esta visita ocurre pocos días después de que Sheinbaum le hiciera un extrañamiento público al embajador por andar de figura principal en la inauguración de una academia de policía. Es el equivalente diplomático de invitar a tu vecino a la carne asada justo después de quejarte en el grupo de WhatsApp de que su perro usa tu jardín de baño. La tensión seguro se podía cortar con un cuchillo de plástico.

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