Parecía que la telenovela jurídica de Nicolás Maduro y su Primera Combatiente, Cilia Flores, no podía tener más drama, pero los guionistas de la fiscalía estadounidense acaban de meterle un giro de guion que ni el mejor culebrón venezolano. Resulta que al combo de narcotráfico que ya se cargaban, ahora le agregaron el cargo de «conspiración para torturar», como quien pide su hamburguesa con extra de tocino y aros de cebolla. Así es, a la pareja presidencial se le juntó el lavado con el planchado, y su juicio, programado para un lejano 2027, ya promete ser más entretenido que maratón de casos de la Doctora Polo.
Según los genios del derecho, este es un caso más histórico que el primer hombre en la luna, porque es la primera vez que un jefe de Estado es sentado en el banquillo gringo por supuestamente haber autorizado una sesión de «cariñitos» al estilo de la inquisición en su propio país. Los abogados de la pareja intentaron sacar el cupón de «inmunidad soberana», que es la versión legal de «no me puedes tocar, soy el rey del castillo», pero los fiscales parece que respondieron con un contundente «aquí tu coronita no vale ni para abrir una cerveza».
Este cambio de estrategia es una jugada maestra de los fiscales, más astuta que venderle hielo a los esquimales. ¿Por qué? Porque en lugar de basar su caso en el testimonio de narcos arrepentidos que tienen más prontuario que un político en campaña, ahora pueden traer a las presuntas víctimas de tortura. Y seamos sinceros, para un jurado es mucho más impactante escuchar a alguien contar cómo le dieron toques eléctricos en las partes nobles, que oír a un soplón quejándose de que no le pagaron el último cargamento. Es la diferencia entre un documental de crímenes y una película de terror clasificación C.
Así que mientras Maduro y Flores esperan su cita con la justicia en 2027 (fecha en la que probablemente ya habrá autos voladores y la gente se comunicará por telepatía), los fiscales están cocinando un guiso legal con ingredientes que podrían dejarlos en unas vacaciones con todo pagado en una suite federal por el resto de sus vidas. El final de temporada de esta serie promete más drama que todas las telenovelas de las nueve juntas, y todo el mundo ya compró sus palomitas para no perderse ni un solo capítulo.




