Wall Street se va de fiesta mientras Asia se come las uñas como en final de telenovela

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Parece que los mercados financieros tienen la estabilidad emocional de un adolescente con el internet cortado. Mientras Wall Street celebraba un repunte en la tecnología como si hubieran encontrado la cura para la resaca, las bolsas asiáticas amanecieron con el ánimo de un lunes por la mañana. El índice MSCI Asia Pacífico cayó un 0,3%, demostrando que no todos pueden ser el alma de la fiesta, especialmente cuando tu vecino ruidoso (el Nasdaq 100) subió un 1,2% y no te invitó.

Informe El Chapucero

El drama principal, como siempre, lo protagonizan los semiconductores y la Reserva Federal. El índice de semiconductores de Filadelfia rompió una racha de ocho días de pérdidas, un logro comparable a dejar de posponer la alarma después de una semana. Sin embargo, los inversores ya están mordiéndose las uñas pensando que la Reserva Federal podría volver a subir las tasas de interés, ese fantasma que aparece cada vez que la economía parece divertirse demasiado.

Mientras tanto, en el mundo de las cosas que se pueden tocar, el petróleo se mantiene más caro que la cuenta del supermercado, rondando los 98 dólares por barril. El oro, por su parte, tuvo un pequeño tropiezo del 0,2%, cotizando a unos 4.130 dólares la onza, porque al parecer el refugio seguro se tomó un descanso. Los bonos del Tesoro, nerviosos por el alboroto tecnológico y las fogatas en Francia, vieron su rendimiento subir al 5,14%, el equivalente financiero a tener la presión arterial por las nubes.

Para añadir más incertidumbre a este cóctel de pánico y euforia, todos esperan los resultados de Meta y Tesla como si fueran a revelar los números ganadores de la lotería. Un tal Mark Haefele, de UBS, soltó la perla del año al declarar que «un fuerte crecimiento de las ganancias puede restablecer la confianza». Vaya, un genio, nadie se lo habría imaginado; es como decir que si metes un gol, tienes más probabilidades de ganar el partido.

Y como si no fuera suficiente con la bipolaridad del mercado, el resto del mundo también aporta su granito de arena al caos. China está cambiando unas reglas financieras que a nadie le importan, mientras que en Oriente Medio se habla de cerrar el estrecho de Ormuz, lo que tiene al petróleo Brent por encima de los 109 dólares. En Francia, las protestas por el costo de la vida han derivado en vandalismo, lo que tiene al euro más devaluado que un billete de lotería no premiado.

Al final, los optimistas del euro son tan escasos como los que leen los términos y condiciones antes de aceptarlos. Con un panorama de guerras latentes y disturbios callejeros, un repunte de la moneda parece tan probable como que tu suegra te diga que tienes razón en todo. Bienvenidos a la economía global, un circo de tres pistas donde los payasos manejan el dinero.

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