Ah, el dulce sonido de la burocracia en movimiento. La papa caliente del presupuesto para 2027 ha llegado finalmente al Senado, donde nuestros ilustres legisladores se preparan para el ritual anual de decir que todo estará bien. Ignacio Mier Velazco, el mandamás de la Junta de Coordinación Política, ya salió a dar la noticia del siglo con una cara muy seria: no habrá impuestos nuevos. La misma promesa que tu compadre te hace cada año de que ahora sí va a pagar lo que te debe.
Pero no se dejen engañar por la magia de las palabras, porque el plan es recaudar la módica cantidad de 10.6 billones de pesos. Sí, leyó bien, con «b» de «¡barbaridad!». Una cifra con tantos ceros que marea más que tres tequilas en ayunas y que, de alguna manera, tiene que salir de los bolsillos de alguien. El gobierno no va a poner un puesto de quesadillas para juntar el dinero, eso es seguro.
Entonces, ¿cuál es el truco del mago? Fácil: fortalecer la recaudación fiscal. En español de a pie, eso significa que le van a poner lupa a los que se creen muy listos con sus «deducciones artificiales» y «operaciones simuladas». Se acabó la fiesta para los magos de las finanzas y los que hacen desaparecer el IVA más rápido que el aguinaldo en enero. El plan no es ponerte más platos en la mesa, sino asegurarte de que te comas hasta las verduras que ya estaban ahí.
Según el parte oficial, la economía mexicana es más sólida que el tabique de la abuela, a pesar de que el resto del mundo ande de cabeza. Con la inflación bajando, un peso que se siente Hércules frente al dólar y un ambiente ideal para la inversión, todo es color de rosa, como si viviéramos en una telenovela de las nueve. El país, dicen, ha demostrado la fortaleza de sus instituciones, como si fueran un superhéroe con capa y todo.
Al final del día, la Cámara Alta asegura que todo este circo es para darnos «certidumbre», «desarrollo», «mejores salarios» y «bienestar para las familias mexicanas». Mientras tanto, el resto de los mortales seguiremos revisando si el sueldo alcanza para el súper y para pagarle al del Coppel. ¡Qué viva la estabilidad económica



