Parece que los inversionistas de Aeroméxico desayunaron con un plato de turbulencia severa. Las acciones de la aerolínea se desplomaron un estrepitoso 7.94% en Wall Street, una caída más dramática que la del villano de una telenovela al enterarse de que el protagonista es su hijo perdido. La razón de este aterrizaje forzoso fue que la compañía presentó unas proyecciones futuras que pintan un panorama financiero más gris que un lunes por la mañana sin café.
El drama comenzó cuando los directivos sacaron su bolita de cristal y admitieron que sus márgenes de ganancia para 2026 no serían tan abultados como habían prometido. Redujeron su previsión de margen EBITDAR ajustado de un optimista 24%-26% a un más modesto 21.5%-22.5%. En lenguaje de a pie: esperaban vender caviar y champaña, pero parece que el menú del futuro solo alcanzará para cacahuates y refresco de sobre.
Aquí es donde la historia se pone más rara que encontrar a un político que cumple sus promesas. A pesar de que la aerolínea básicamente anunció que le va a costar más trabajo ganar dinero, un increíble 88.9% de los analistas de Wall Street sigue recomendando comprar sus acciones. Es el equivalente financiero a que tu mecánico te diga que el motor está a punto de explotar, pero que es una oportunidad de oro para ponerle unos rines nuevos y un alerón deportivo.
Para echarle más sal a la herida, la utilidad neta de la empresa se desplomó un 58.1% en comparación con el año pasado, aunque sus ingresos sí subieron un 13.6%. Esto es como cuando te suben el sueldo, pero justo ese mes se te descompone el refrigerador, el perro necesita cirugía y tu casero decide duplicar la renta. Al final del día, tienes menos dinero en la bolsa para tus lujos, como pagar la luz.
Algunos expertos más pesimistas, como los de Deutsche Bank, ya hasta pronostican pérdidas para el próximo trimestre, culpando al precio del combustible, que está más caro que aguacate en diciembre. Mientras tanto, los directivos de Aeroméxico aseguran no ver “señales de debilitamiento de la demanda”, una frase que siempre tranquiliza a cualquiera que vaya volando a diez mil metros de altura mientras las finanzas de la aerolínea hacen piruetas.
Así que, mientras las cifras se tambalean como pasajero con miedo a volar, los genios de las finanzas insisten en que es el momento de apostar por la aerolínea. Quizás saben algo que el resto de los mortales no, o simplemente les gusta vivir la vida al límite, recomendando inversiones que tienen la estabilidad de un flan en medio de un terremoto.



