Parece que los genios de la Reserva Federal han decidido que la inflación galopante puede esperar un poquito más, como esa pila de ropa sucia que juraste lavar el fin de semana. Casi todos los economistas del barrio, 94 de 100 para ser exactos, apuestan a que en octubre no moverán ni un dedo, dejando las tasas de interés quietecitas en su rango de 3.75 a 4.0%. Los jefazos de la Fed llaman a esto «paciencia», que en el diccionario de los simples mortales se traduce como «a ver si por arte de magia esto se arregla solo».
Curiosamente, esta decisión de no hacer nada llega justo antes de las elecciones, porque a nadie le gusta recibir malas noticias económicas antes de ir a votar, ¿verdad? Pero no se confíen, que la fiesta se acaba en diciembre. Los 100 economistas encuestados, sin faltar ni uno, ya dan por hecho que para fin de año nos clavan el aumento, lo que supone un giro de guion más drástico que el de tu telenovela favorita.
Para ponerle más sal a la herida, un tal Alex Pelle, economista de Mizuho Securities, básicamente dijo que la Fed está manejando la economía con la misma pericia que un adolescente con su primer coche. Según él, con una economía fuerte y la inflación por las nubes, subir las tasas debería ser pan comido. Sin embargo, concluye que los mandamases no están controlando nada y solo se mantienen a flote, como un patito de hule en una bañera a punto de desbordarse.
Toda esta indecisión ha provocado que los mercados financieros anden más confundidos que un camaleón en una bolsa de golosinas de colores. Los rendimientos de los bonos del Tesoro se volvieron locos, subiendo hasta el cielo para luego desplomarse como las promesas de Año Nuevo en febrero. Todo gracias a las señales contradictorias de la Fed, que un día dice blanco y al otro, negro.
El mismo Pelle remata diciendo que hacerse los despistados en octubre es un error garrafal de política monetaria, pero ya qué más da. Pronostica que en diciembre nos recetarán una subida de 25 puntos base, aunque existe el riesgo de que se emocionen y nos metan 50, solo por las risas. La mayoría de los analistas cree que la tasa llegará a un máximo de entre 4.0 y 4.25%, lo justo para que tu próxima deuda se sienta como una auténtica patada en la cartera.




