Agárrense de la silla y preparen el café, porque el reporte económico de la semana llegó con más giros dramáticos que telenovela de las nueve. Entre México sacando el pecho como pavo real y Estados Unidos sudando la gota gorda con sus precios, parece que la economía tiene el humor de un adolescente: un día se come el mundo y al otro no quiere salir de su cuarto. Vamos a desmenuzar este drama financiero para que al menos se ría de algo mientras paga las cuentas.
Por el lado mexicano, la actividad industrial decidió que ya era hora de dejar el sofá y se puso a hacer ejercicio, creciendo un 0.6% en agosto. Con esto ya suma tres meses de avances, una racha que muchos ni en sus propósitos de Año Nuevo logran. Comparado con el año pasado, el estirón fue de 3.6%, su mejor marca desde octubre de 2023. Parece que las fábricas andan más motivadas que nunca, probablemente porque les pusieron una buena lista de música para trabajar.
Los responsables de este arranque de energía fueron el sector manufacturero y el de los servicios públicos (luz, gas y agua), que se lucieron con un avance del 1.2% cada uno. Son como esos alumnos aplicados que siempre hacen la tarea y hasta puntos extra ganan. Mientras ellos se llevaban las palmas, el resto de la economía los miraba con una mezcla de envidia y admiración, pensando en qué momento se les pegó tanta enjundia productiva.
Pero aquí es donde la trama se complica, porque una cosa es producir y otra muy distinta es gastar. El consumo de los mexicanos, ese fiel reflejo de si alcanza para los tacos o solo para un chicle, tuvo un comportamiento bipolar. En agosto se animó con un repunte del 0.4%, pero para septiembre ya le había dado el bajón y se contrajo un 0.1%. Es el equivalente a empezar la dieta el lunes con ensalada para terminar el martes pidiendo una pizza familiar para uno solo.
Mientras tanto, del otro lado de la frontera, nuestros vecinos del norte no la están pasando mucho mejor. La inflación en Estados Unidos se aferra como garrapata y subió a un 3.7% anual en septiembre, impulsada por el villano clásico de esta historia: los precios de la energía. Cada mes que pasa, llenar el tanque de gasolina se parece más a comprar una acción de una empresa de tecnología, uno nunca sabe cuánto le va a costar.
En resumen, el panorama es un circo de tres pistas. México anda produciendo a todo vapor pero la gente cuida su cartera como si fuera el último aguacate del planeta. Y en Estados Unidos, el dinero rinde menos que una batería de celular barata. Así que, si esta semana se siente confundido por sus finanzas, no se preocupe, es el estado natural de la economía moderna.



