La fiesta de los mercados en Latinoamérica termina con una resaca monumental

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Parece que la pachanga financiera en América Latina llegó a su fin, y los inversores que llegaron con la cartera llena ahora buscan la aspirina y la salida de emergencia. Durante más de un año, los genios de las finanzas apostaron todo a que un giro a la derecha arreglaría la región, inflando los mercados como si no hubiera un mañana. Ahora, con las promesas de campaña chocando contra la pared de la cruda realidad, se preguntan si es momento de recoger las fichas o esperar un milagro.

Informe El Chapucero

En Colombia, la elección de Abelardo de la Espriella provocó un subidón que hizo que las acciones se dispararan más de un 20%, un festejo digno de fin de año. Sin embargo, la alegría duró menos que un sueldo en quincena, pues el nuevo líder se encontró con que las finanzas del país estaban en peor estado que un náufrago. Mientras tanto, en Chile, el entusiasmo por el presidente pro-mercado José Antonio Kast se desvaneció tan rápido que ni se despidió, dejando a los inversores con cara de meme.

Ahora todos los ojos, y el dinero tembloroso, están puestos en Brasil, donde las acciones han subido más de un 20% con la esperanza de que Flávio Bolsonaro gane las elecciones. Es como apostar el resto del alquiler a un caballo que ya se ve un poco cansado antes de empezar la carrera. Algunos gestores de fondos ya están recogiendo sus juguetes y yéndose a casa, mientras otros, como los de VanEck, se aferran a la esperanza con la misma fuerza que uno se aferra al último trozo de pizza.

El problema es que el entusiasmo inicial, que impulsó un índice de la región a subir más del 70% desde el año pasado, se está desinflando. Los bonos en dólares de Ecuador y Perú, donde también eligieron líderes amigos del mercado, han caído más de un 3% últimamente. Un gestor de carteras, Martin Bercetche, admitió que ya se retiró de casi toda la región, básicamente diciendo: «estuvo bueno mientras duró, pero ahí se ven».

La triste verdad es que gobernar es más complicado que hacer promesas con un micrófono. La popularidad del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, que subió como la espuma, ahora se ha desplomado al mismo ritmo. En Perú, la presidenta Keiko Fujimori vio cómo su aprobación se iba a pique a los pocos meses, mientras que en Argentina, la estrella de Javier Milei empieza a perder su brillo, poniendo nerviosos a quienes creían que era el mesías de la economía.

Al final, los propios analistas admiten que no tienen ni idea de qué va a pasar, y que los votantes quizás no estaban pidiendo austeridad, sino simplemente echando al que estaba. En resumen, los inversores buscaban estabilidad política y cuentas claras, pero de momento no hay pruebas que respalden ninguna de las dos cosas. La gran fiesta latinoamericana terminó, y ahora toca limpiar el desastre con un dolor de cabeza terrible.

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