Después de un viernes más negro que el futuro de un estudiante de filosofía, la bolsa estadounidense decidió que el lunes era un buen día para sonreír. Los futuros de las acciones se levantaron de la lona, liderados por las empresas tecnológicas, esas que prometen un futuro donde los robots nos harán el desayuno, pero que de momento solo nos suben la factura de la luz. Los inversionistas, con la misma cara de póker que uno pone al recibir el resumen de la tarjeta de crédito, esperan a ver qué sorpresas les depara la semana.
El plato fuerte de los próximos días es el desfile de resultados de más de 70 empresas del índice S&P 500, incluyendo a los pesos pesados como Tesla y Meta. El mundo entero contiene la respiración para saber si la dichosa inteligencia artificial va a generar ganancias millonarias o si solo ha sido una excusa carísima para vender más tarjetas gráficas. Es el equivalente financiero a esperar los resultados de una prueba de paternidad: la tensión se puede cortar con un cuchillo.
Mientras en América se preocupan por sus juguetitos tecnológicos, al otro lado del planeta, China intenta maquillar las ojeras de su economía. El gobierno está pidiendo amablemente a las empresas estatales que compren acciones, lo que suena tan convincente como tu madre diciéndote que te comas las espinacas porque «están muy ricas». Todos esperan los nuevos datos económicos para ver si el gigante asiático sigue siendo un gigante o si ya necesita una andadera para no caerse.
Para echarle más leña al fuego, el petróleo sigue siendo ese invitado pesado en la fiesta que no para de subir el volumen, amenazando con una inflación que ni el mejor de los magos puede hacer desaparecer. La Reserva Federal, por su parte, ha entrado en un periodo de silencio que da más miedo que un mensaje de tu ex a las tres de la mañana. Nadie sabe si subirán las tasas de interés o si simplemente se están haciendo los interesantes.
Y como si no tuviéramos suficiente con el drama económico, el circo geopolítico ofrece su propio espectáculo. El expresidente Trump, en un arranque de inspiración, se puso a negociar la paz entre Rusia y Ucrania a través de las redes sociales, mientras el presidente Zelenskiy le respondía con la sutileza de un portazo. Mientras los grandes líderes juegan a la guerra, el resto de los mortales solo esperamos que todo este lío no signifique que el aguacate vuelva a subir de precio.



