Elon Musk, harto de tener dos llaveros, planea fusionar Tesla y SpaceX

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Parece que a Elon Musk se le acabaron las series en Netflix y ha decidido que su próximo pasatiempo será jugar al Lego con sus empresas multimillonarias. En un movimiento que tiene a Wall Street rascándose la cabeza y buscando ansiolíticos, el magnate ha soltado la bomba: podría fusionar Tesla y SpaceX. Ya se han creado «comités especiales», que es la forma elegante de decir que un montón de adultos con trajes caros están intentando ponerle lógica a la última ocurrencia del jefe.

La criatura resultante de este matrimonio corporativo tendría un valor de unos 3,66 billones de dólares, una cifra tan absurda que probablemente ni exista en billetes. Con ese dineral, la nueva megaempresa se codearía con gigantes como Apple y Alphabet, convirtiéndose en el cuarto monstruo más grande del planeta. Imaginen la fiesta de la oficina: por un lado, los ingenieros de cohetes, y por el otro, los que diseñan autos que se conducen solos. El ponche seguro llevaría combustible de cohete.

Los analistas financieros, por su parte, reaccionaron como tíos en una cena familiar incómoda. Dave Mazza, un directivo, dijo que esto era «el secreto peor guardado que existe», confirmando que en el mundo de las finanzas tienen la misma capacidad de sorpresa que una piedra. Otro experto, Ruben Dalfovo, se preguntó si ser más grande es realmente mejor, una duda existencial que también tenemos cuando pedimos la pizza tamaño familiar para uno solo.

Pero, ¿por qué este repentino afán de juntar carritos eléctricos con naves espaciales? La respuesta, como siempre, es el poder. Musk posee cerca del 20% de Tesla y el 48% de SpaceX, pero con un truco que le da el 82% de los votos en esta última. Si la fusión se concreta, terminaría controlando el 56% de los votos de la nueva entidad, asegurándose de que nadie le cambie el canal mientras ve sus programas favoritos.

Claro que el plan tiene más obstáculos que una carrera de Mario Kart. Existe el riesgo del llamado “descuento de conglomerado”, que es cuando el mercado valora el conjunto por debajo de la suma de sus partes, como cuando mezclas tu bebida favorita con otra y el resultado sabe a rayos. Además, los accionistas de Tesla tienen que dar el sí, y ya se sabe que son más complicados que una declaración de impuestos.

Al final, todo esto podría quedar en nada, o podríamos estar ante el nacimiento de la empresa más extraña y poderosa de la historia. Mientras los comités deciden el futuro de billones de dólares, el resto de nosotros seguiremos intentando descifrar si el coche volador que prometió para 2028 vendrá con portavasos o si tendremos que seguir sujetando el café con las rodillas.

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