China le pide al mundo que se calme, pero no sin antes presumir sus bíceps económicos

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El ministro de Finanzas de China, Lan Fo’an, tuvo el honor de ser el aguafiestas oficial en la cumbre de la APEC. Con la misma cara que pones cuando ves que la cuenta del restaurante es el doble de lo que esperabas, inauguró la reunión en Hong Kong advirtiendo que la economía mundial está más revuelta que licuadora sin tapa. Básicamente, su mensaje fue: «Señores, el rancho está ardiendo y alguien tiene que traer las cubetas».

Según el buen Lan, el panorama internacional es un drama turco con subtítulos en arameo. Entre conflictos geopolíticos que saltan fronteras como si jugaran a la rayuela y un proteccionismo que crece más rápido que la mala hierba, la cosa está que arde. A este coctel explosivo súmenle unos bonos con los rendimientos por las nubes, que encarecen los préstamos como si pidieras un crédito en la luna, y el petróleo echándole más gasolina al fuego de la inflación.

Su solución, digna de un terapeuta de parejas, es «fortalecer el diálogo» y «reforzar la comunicación». Traducido del lenguaje diplomático al español de a pie, es un ruego desesperado para que las grandes economías dejen de mover sus políticas monetarias como si fueran los brazos de un pulpo en un ataque epiléptico. El Fondo Monetario Internacional, desde una esquina, asiente con cara de «se los dije», advirtiendo que los tipos de interés seguirán altos por más tiempo.

El Banco Popular de China ya había soltado un par de indirectas bien directas, quejándose de las «fuertes fluctuaciones» de los bonos en «algunos países» (guiño, guiño, Estados Unidos). Según ellos, este desbarajuste financiero está volviendo el sistema más frágil que una galleta de animalitos y le está pasando una factura carísima a los países en desarrollo, que ven cómo sus deudas se inflan más que un globo de feria.

Pero justo cuando todos estaban a punto de sacar los pañuelos, Lan Fo’an cambió de tema más rápido que político en campaña. Empezó a hablar de las maravillas de la inteligencia artificial y, como quien no quiere la cosa, se lanzó un monólogo sobre lo espectacularmente bien que le va a la economía china. Afirmó que ha demostrado una «resiliencia y vitalidad notables», básicamente diciendo: «El mundo es un caos, pero oigan, mi casa está impecable».

Al final, la reunión de 21 economías que representan más del 60% del PIB mundial empezó con una letanía de preocupaciones globales, seguida de un comercial no solicitado de la superpotencia asiática. El mensaje fue claro: por favor, arreglen su desorden, que nosotros tenemos cadenas de suministro que mantener estables y récords de crecimiento que presumir.

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