Pedro Alliana asumió el cargo con el estilo de quien llega a una fiesta donde ya rompieron los muebles y el anfitrión está esposado. Apenas juró, ordenó al ministro de Justicia que en las prisiones se aplique la ley como corresponde, sin tratamientos especiales ni suites con vista al patio.
Dos días después de la destitución de Santiago Peña por el derrumbe de Ueno Bank, Alliana también mandó tropas a socorrer a los damnificados por las inundaciones en el sur. La consigna oficial es clara: menos discursos y más resultados, como si los paraguayos fueran clientes de un banco que ya cerró las ventanillas.
Peña, mientras tanto, cumple prisión preventiva en un regimiento militar porque, según su defensa, una cárcel común sería demasiado peligrosa. El ex presidente del Banco Central y varios directivos de la entidad también están tras las rejas, aunque el ministro de Justicia insiste en que nadie tendrá privilegios, ni siquiera los que antes movían millones como si jugaran al truco con billetes ajenos.
La crisis del banco digital dejó a millones de ahorristas mirando el celular como quien espera que el delivery llegue después de que el restaurante quebró. Ahora el Estado adelanta parte de la garantía, pero los grandes depositantes, entre ellos el IPS, tendrán que esperar su turno como en la cola de un trámite municipal un viernes a las cinco.
Alliana repite que su prioridad son respuestas concretas. Por ahora, entre órdenes de mano dura en las cárceles y camiones de comida para los inundados, parece que el nuevo gobierno eligió el camino más directo: menos palabras y más camiones. Veremos si los resultados llegan antes de que el próximo escándalo inunde otra vez las noticias.



