El presidente ucraniano contó que las fuerzas rusas mandaron un dron FPV directo a Komishuvaja, donde los equipos de emergencia siguen buscando sobrevivientes bajo los escombros de una escuela que ya había recibido una bomba aérea el lunes anterior. El resultado anterior había sido cincuenta y cinco muertos, y ahora encima llegan a rematar la faena mientras la gente sigue removiendo escombros. Zelensky lo definió como un gesto de cinismo digno de quien patea a alguien que ya está en el suelo.
Además, durante la noche Rusia golpeó instalaciones eléctricas en la región de Dnipropetrovsk y dejó sin luz a más de seiscientas mil personas en Dnipró y alrededores. En Zhitómir también cortaron la calefacción a ciento cuarenta edificios, como si quisieran que la gente pasara frío mientras ve las noticias en la oscuridad. Zelensky añadió que la cosa está complicada también en Járkov y en otras zonas del país.
Según el propio mandatario, en solo siete días Rusia disparó ciento quince misiles, cerca de mil novecientas bombas guiadas y más de tres mil drones. Muchas de esas armas, aseguró, se fabricaron este mismo año, como si Moscú estuviera haciendo un pedido especial de última hora para mantener el ritmo.
Mientras tanto, la central nuclear de Zaporizhzhia, la más grande de Europa y bajo control ruso, perdió su última conexión eléctrica externa. Ahora funciona con generadores diésel para refrigerar los reactores, como si la planta más peligrosa del continente se hubiera convertido en una nevera de camping que depende de un grupo electrógeno alquilado. El personal asegura que todo está bajo control y que los niveles de radiación siguen normales, aunque la imagen de reactores nucleares conectados a generadores diésel suena más a chiste malo que a plan de emergencia.
Zelensky pidió que Europa y el G7 endurezcan las sanciones de una vez, porque de lo contrario parece que Rusia va a seguir jugando con el país como si fuera un videojuego sin final.



