Pedro Alliana se sentó en la silla presidencial como quien hereda un asado quemado y lleno de deudas. El Senado mandó a Santiago Peña a la ducha fría con un juicio político por el cierre de Ueno Bank, ese lugar donde los ahorros de jubilados y organismos públicos se quedaron congelados como carne en la heladera durante un corte de luz.
La Embajada de Estados Unidos salió rápido a decir que Paraguay sigue siendo su “socio estratégico” y que quiere seguir trabajando juntos. Alliana contestó con un tuit agradeciendo la solidaridad yanqui y prometiendo fortalecer la alianza, como si Estados Unidos fuera el suegro rico que puede prestar plata pero siempre con condiciones.
Peña terminó el sábado con prisión preventiva por supuesta lesión de confianza, mientras Alliana nombraba ministro del Interior a Ariel Martínez, el mismo que ya había ocupado el cargo en tiempos de Cartes. El nuevo presidente empezó su primer día hablando de comprar medicamentos para los hospitales, como si la salud pública fuera lo único que todavía no se había caído a pedazos.
La Cancillería paraguaya declaró que el país salió “fortalecido” de la crisis, frase que en Paraguay suele significar “sobrevivimos al quilombo pero nadie sabe cómo”. Alliana pidió orden, seguridad y que no falten las medicinas, mientras el público adulto observa la telenovela política con la misma cara de “ya lo vimos” que pone cuando repiten el capítulo del político que promete todo y cumple poco.



