Los estrategas de las grandes firmas de inversión se quedaron boquiabiertos cuando el S&P 500 se desplomó un 4,4 por ciento en una sola jornada, como si el mercado hubiera decidido tomarse unas vacaciones sin avisar. El Nasdaq 100 sufrió todavía más, con una caída del 6,4 por ciento, por el miedo a que los demócratas, recién reforzados, pongan freno a los centros de datos de inteligencia artificial.
Mike Wilson, de Morgan Stanley, no se anduvo con rodeos y recomendó a sus clientes aumentar la exposición al riesgo durante las próximas semanas, como quien aconseja comprar el pan antes de que suba de precio. A pesar del susto, Wilson mantiene su pronóstico de que el S&P 500 llegará a 8.000 puntos a finales de año, una subida del 8,4 por ciento respecto al cierre del viernes.
Ed Yardeni, de Yardeni Research, comparó la situación con el desinflado de una burbuja que no va a estallar del todo, aunque reconoció que el sector tecnológico está pasando un mal trago. Los inversores, en cambio, volvieron a comprar el viernes y el S&P 500 subió un 0,3 por ciento, aunque sigue acumulando una pérdida del 2,5 por ciento desde el martes.
Los demócratas lograron el control del Senado, la Cámara de Representantes y varias gobernaciones, lo que ha encendido las alarmas sobre posibles regulaciones al sector tecnológico. Wilson sugiere mirar hacia las empresas orientadas al consumo, mientras que Yardeni prefiere los valores del sector sanitario como refugio temporal.
La mayoría de los estrategas coincide en que esta caída es solo una corrección y no el inicio de un derrumbe mayor. Con un objetivo medio de 7.973 puntos para finales de año, muchos repiten la misma frase: sería un error salir del mercado ahora que hay descuentos.
Jonathan Golub, de Seaport Global Holdings, fue directo al afirmar que es un comprador rotundo y que el índice podría cerrar en 8.200 puntos. El sector de semiconductores sigue bajo presión, pero los analistas insisten en que el mercado tiene margen para rebotar antes de que acabe el año.



