El Banco Mundial informó que la deuda externa de los países en desarrollo subió en 2025 más que en cualquier otro momento desde la pandemia. La cifra llegó a 9.4 billones de dólares, un monto tan grande que parece sacado de una broma pesada. El aumento se debió sobre todo al dinero privado, ya que los préstamos y los bonos de empresas públicas crecieron casi un 35 por ciento.
Los países que el Banco Mundial considera más vulnerables fueron los que más se endeudaron. El acceso al financiamiento mejoró un poco, pero el costo siguió siendo alto y amenaza con quitar recursos a cosas básicas como salud y educación. El organismo advirtió que esta carga de deuda podría desplazar inversiones esenciales en la gente.
Haishan Fu, jefe de estadística del Grupo del Banco Mundial, señaló que el regreso de los préstamos privados es bienvenido, pero los países piden más, pagan más y destinan menos dinero al desarrollo a largo plazo. Muchos gobiernos emitieron nuevos bonos solo para recomprar deuda vieja, lo que en realidad significa aplazar el problema a tasas más altas.
Los prestamistas privados cobran intereses más elevados que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Los países más pobres pagaron en promedio un 8.2 por ciento por los nuevos préstamos o bonos privados, la tasa más alta desde 1989. Las presiones por el servicio de la deuda siguen siendo graves mientras las tasas globales se mantienen altas.
Los países de renta baja y media pagaron 1.4 billones de dólares en amortizaciones e intereses durante 2025, un aumento del 1.9 por ciento que marca el quinto año consecutivo de subidas. El resultado es que cada vez destinan más dinero a pagar deudas y menos a resolver sus propios problemas. Al final parece que la fiesta la pagan siempre los mismos, pero sin haber probado ni una copa.



