El astro del básquet decidió que su segundo Maybach, ese que parece clonado del que guarda en el garaje, termine bajo el martillo de una casa de subastas en Nueva York. El dinero irá directo a su fundación, que sigue intentando que los chicos de Ohio no terminen tirados en la calle sin saber driblar.
La gracia está en los detalles que nadie pidió. La carrocería marfil y el cuero azul tormentoso ya eran bastante llamativos, pero Maybach tuvo que tragarse su orgullo y cambiar el emblema del V12 por el logo personal de LeBron. Por primera vez en la historia de la marca, el motor de lujo lleva estampado el nombre de un deportista en vez de su propio escudo. Los asientos, las alfombras y hasta los apoyacabezas repiten la firma del jugador, como si el auto fuera un autógrafo rodante de dos toneladas.
Además, las coordenadas de Akron aparecen por todos lados, recordando que el vehículo nació para rendir culto a la ciudad natal del basquetbolista. El resultado es un sedán de 621 caballos que parece un capricho de millonario disfrazado de obra benéfica. El precio base ya supera los 250 mil dólares; con el nombre de LeBron grabado hasta en el escape, los entendidos calculan que se puede ir fácilmente por encima del medio millón.
Antes de la subasta el auto hará una gira por Manhattan, como si necesitara presumir su firma ante los taxis amarillos. Después llegará al Javits Center, donde los ricos podrán pelearse por sentarse sobre el cuero que lleva la rúbrica de James. Mientras tanto, la fundación sigue trabajando en Akron, convirtiendo el lujo extremo en becas y programas para jóvenes que, de otra forma, solo verían autos así en los videos de TikTok.
Al final, lo que queda es un Maybach que corre a toda velocidad hacia la caridad, pero con el ego del dueño pegado en cada costura. Porque en este mundo, hasta el motor de doce cilindros necesita un poco de firma para sentirse importante.



