La nueva gobernadora electa de Texas, Gina Hinojosa, ha decidido que los centros de datos ya no pueden seguir chupando luz y agua como vampiros digitales en una telenovela de horario estelar. Prometió una moratoria estatal para que los tejanos tengan voz antes de que les planten otro monstruo de servidores en el patio trasero.
Texas se había vuelto el paraíso de Meta, Google y Microsoft gracias a la energía barata y a las facilidades de siempre. Pero los pueblos rurales, hartos de que les suban la factura de la luz y les sequen los pozos, empezaron a protestar como si les hubieran robado la última cerveza del refrigerador. Hasta el anterior gobernador, Greg Abbott, tuvo que poner freno antes de las elecciones.
Hinojosa va más lejos: nada de permisos hasta que la legislatura apruebe reglas que protejan a la gente de verdad. Mientras tanto, los proyectos por decenas de miles de millones de dólares y los 400 gigavatios solicitados se quedaron congelados como un tamal en el congelador. ERCOT, el operador de la red, ya no sabía dónde meter tanta demanda.
Abbott había ordenado auditorías, multas retroactivas por consumo de agua y hasta vetos temporales de permisos de aire. Pero Hinojosa quiere la moratoria completa, la que duele de verdad. Las encuestas mostraban que el 79 % de los votantes de Texas ya estaban hartos y que el 76 % de los estadounidenses no quiere uno de estos bichos cerca de su casa.
El propio Elon Musk, que gastó millones apoyando al bando contrario, soltó que los centros de datos en el espacio ya parecen más atractivos. Mientras tanto, en Texas la gente sigue preguntándose si al final les quedará luz para ver el partido o agua para el café de la mañana.




