La Comisión Europea ha decidido que los ciudadanos deben sobrevivir tres días enteros sin que nadie les lleve un café con leche, ante la posibilidad de que Europa se convierta en un patio de recreo para misiles, apagones y tormentas que parecen venganza divina. La comisaria Hadja Lahbib lo soltó en Bruselas como quien anuncia rebajas en el supermercado: hay que tener listo el kit de emergencia antes de que suene la sirena y todo el mundo corra como pollo sin cabeza.
La primera ocurrencia consiste en llenar una mochila con agua, comida, medicinas y algo de sentido común, por si hay que aguantar setenta y dos horas sin que llegue el repartidor de pizza. También recomiendan tener un plan familiar para salir pitando, saber hacer primeros auxilios sin electrodomésticos y aprender a cocinar con velas como si estuviéramos en el siglo diecinueve pero con wifi.
En las escuelas quieren que los niños aprendan a no entrar en pánico cuando suenen las alarmas, igual que se enseña a nadar o a no meter los dedos en los enchufes. Los profesores tendrán que convertir los simulacros en juegos para que los críos no acaben más traumatizados que después de ver las noticias a las nueve de la noche. La idea es que estén preparados y no acojonados, aunque cualquiera que haya pasado por un examen de matemáticas sabe que esas dos cosas no siempre van juntas.
Otra novedad es que los sistemas de alerta y las evacuaciones tendrán que pensar también en las personas con discapacidad, algo que parece de cajón pero que hasta ahora parecía opcional para algunos burócratas. Habrá que fabricar refugios y transportes que no dejen a nadie tirado en la cuneta cuando la cosa se ponga fea de verdad.
La última guía pide que las autoridades hablen claro en vez de soltar discursos que parecen redactados por abogados ebrios, y que combatan las noticias falsas que circulan más rápido que un rumor en un grupo de WhatsApp familiar. Todo esto forma parte de una gran estrategia europea para que la gente no se vuelva loca cuando el cielo se caiga o se corte la luz durante una final de fútbol.
Lahbib avisó de que vivimos en una zona gris que puede ponerse roja en cualquier momento, como un semáforo estropeado. Mencionó el apagón de España y Portugal para recordar que una crisis puede saltar de un sector a otro como un virus en una guardería. También anunció que el veintitrés de octubre será el Día Europeo de la Preparación, para que dentro de veinticinco años tener una bolsa de emergencia en la puerta sea tan normal como llevar un botiquín en el coche o un extintor en la cocina. Porque, total, si viene el fin del mundo, al menos iremos con la mochila a juego.




