El grupo colombiano Gilinski acaba de entrar por la puerta grande al negocio petrolero venezolano gracias a un contrato de 25 años en el Bloque Bare. A cambio de nada en efectivo, solo acciones, se quedó con el 56,3 por ciento de GeoPark y ahora manda en la operación. El cierre se adelantó porque las aprobaciones llegaron antes de lo previsto, como cuando el banco aprueba el préstamo antes de que termines de firmar los papeles.
GeoPark compró el 95 por ciento restante de una sociedad panameña que controla la empresa venezolana Beta Resources. Todo quedó en manos de Panamerican Energy Holdings, otra firma del mismo grupo Gilinski, sin que saliera un solo dólar del bolsillo. La petrolera ya tenía el 5 por ciento inicial, así que el trueque fue más bien una mudanza de muebles entre primos.
El contrato le da a GeoPark el rol de operador, la obligación de financiar todo y una tajada neta del 65 por ciento. El bloque tiene más de mil cien pozos y produce once mil barriles diarios, aunque sus instalaciones podrían manejar hasta treinta mil. La empresa ya revisó entre trescientos y cuatrocientos pozos para reactivarlos y empezar a estabilizar la producción.
Los planes de inversión van de cuarenta a ochenta millones de dólares al año hasta 2028, y luego suben a entre ciento veinte y ciento cuarenta millones en 2029 y 2030. La meta es llegar a veinte mil barriles diarios en 2027, más de treinta mil en 2028 y entre cuarenta y cinco mil y cincuenta y seis mil en 2030. Todo depende de que PDVSA suministre el diluyente necesario para que el crudo pesado circule.
Gilinski deberá lanzar en los próximos noventa días una oferta pública por las acciones que no posee, a 12,22 dólares cada una y por un monto máximo de cien millones. Si logra superar el 70 por ciento, tendrá que hacer otra oferta por el resto. Felipe Bayón, el CEO, aseguró que ahora el foco está en la ejecución operativa, como quien dice que ya pasó la parte divertida de firmar papeles y ahora toca trabajar de verdad.




