Amador Zamora, secretario de Hacienda, declaró que las notas precapitalizadas ya no se emplearán para rescatar las finanzas de Pemex. El funcionario explicó que el trabajo entre la petrolera, la Secretaría de Energía y su dependencia logró estabilizar los pasivos y reducir los costos de la deuda. Según sus palabras, ya no hace falta recurrir a este tipo de instrumentos financieros.
Las notas precapitalizadas consisten en que el gobierno federal emite papeles en mercados internacionales con su propia calificación crediticia para inyectar liquidez a Pemex sin sumar deuda tradicional. Esta jugada permitía que la empresa pareciera menos endeudada de lo que realmente estaba, algo así como esconder las botellas antes de que llegue la suegra. Ahora el plan es que Pemex camine sola, sin este tipo de andaderas.
Durante este año la petrolera utilizó el 51 por ciento de la línea presupuestal aprobada para amortizar su deuda. Entre enero y septiembre se le transfirieron 136 mil millones de pesos, de los cuales el 52 por ciento se destinó al pago de bonos y el 46 por ciento a la deuda bancaria. El gobierno parece haber decidido que ya es hora de que Pemex deje de pedir prestado como si fuera un sobrino eterno.
A septiembre, la deuda de Pemex bajó a 77 mil 600 millones de dólares, lo que representa una reducción del 8.9 por ciento respecto al año anterior. Convertida a pesos con el tipo de cambio de 17.8413 por dólar, la cifra equivale a aproximadamente 1.384 billones. Esa disminución es la que permite al gobierno presumir que ya no necesita seguir sacando conejos del sombrero financiero.
El mensaje final es claro: la petrolera ya no recibirá más notas precapitalizadas como si fueran cheques de papá para pagar las juergas. Ahora tendrá que arreglárselas con su propia liquidez y sin trucos contables que solo aplazaban el dolor de cabeza. Si todo sale bien, el próximo año Pemex dejará de parecer el hijo pródigo que regresa cada diciembre pidiendo más lana.




