La zona euro decidió crecer un 0.4 por ciento en el tercer trimestre como si la guerra en Medio Oriente y los precios de la energía fueran solo un mal chiste de sobremesa. Los economistas esperaban apenas un 0.2 por ciento, así que el dato cayó como una propina inesperada en un restaurante caro. Eso sí, sin contar a Irlanda y su crecimiento de 5.5 por ciento, el resto apenas alcanzó un tibio 0.2 por ciento, lo que deja la celebración en algo más parecido a un aplauso educado.
Los analistas advierten que esta aparente resistencia podría convertirse en estanflación, esa mezcla tan encantadora como una resaca después de una fiesta con excompañeros de trabajo. El crecimiento se mantiene, pero la inflación llegó al 3.8 por ciento en septiembre, su nivel más alto en tres años. Los precios de la energía suben como la temperatura en un ascensor sin ventilación, y el invierno se acerca con la misma delicadeza que un cobrador de deudas.
La industria europea parece beneficiarse del gasto en defensa e infraestructuras, además de un auge tecnológico que suena más a excusa que a milagro. Bert Colijn, de ING, señaló que la economía hace caso omiso de la crisis de Medio Oriente, como quien ignora a la suegra en la mesa navideña. Paolo Grignani, de Oxford Economics, añadió que los datos ofrecen un panorama mixto, con tendencias que combinan crecimiento estancado e inflación al alza.
Los expertos ya anticipan que los próximos meses pondrán a prueba esta supuesta fortaleza. El aumento de los costos energéticos y el conflicto en la región amenazan con convertir la leve expansión en un estancamiento prolongado. Nadie sabe exactamente cómo terminará el asunto, pero la combinación de números modestos y precios altos ya genera más nervios que una llamada del banco a las tres de la madrugada.
Al final, la zona euro sigue avanzando como un auto con el tanque a medias y el motor haciendo ruidos raros. Irlanda se lleva los honores del trimestre, mientras los demás países miran con cara de “¿y nosotros qué?”. El invierno promete más de lo mismo, solo que con menos ropa y más facturas por pagar.




