El secretario Scott Bessent ya sorprendió a todos al meter mano en el mercado de bonos como quien apaga un incendio con un vaso de agua. Ahora Wall Street espera que el Gobierno anuncie la mayor revisión de las reglas de emisión desde principios de 2024. Muchos operadores creen que el miércoles se darán señales de recortes en las ventas de deuda a 20 y 30 años a partir de este mismo mes.
Citigroup ya pronostica que el Tesoro reducirá las colocaciones de bonos largos y compensará con más letras y pagarés cortos. La idea es bajar los rendimientos que superan el 5,30 por ciento en los títulos a 30 años. La semana pasada el Gobierno vendió un récord de 839 mil millones de dólares en una sola subasta.
El problema es que depender tanto de la deuda corta obliga a refinanciar constantemente. Estados Unidos ya subasta más de medio billón de dólares cada semana y cualquier tropiezo en la demanda puede convertirse en un dolor de cabeza. Los analistas recuerdan que los déficits anuales rondan los 2 billones de dólares y alguien tiene que pagar la fiesta.
Varios bancos como UBS y JPMorgan esperan que los cambios reales lleguen hasta mayo o agosto. Mientras tanto el Comité Asesor de Emisión de Deuda vigila si el mercado puede seguir tragando más letras sin atragantarse. Las recompras de bonos ya se triplicaron hasta 6 mil millones de dólares por operación, pero muchos las ven como un parche temporal.
El Tesoro también pregunta a los operadores primarios sobre posibles “cambios estructurales” en la demanda. La formulación oficial podría pasar de “al menos los próximos trimestres” a algo más flexible. Nadie quiere quedar expuesto cuando los rendimientos se pongan nerviosos otra vez.
Al final la estrategia parece un malabarista que cambia de mano los platos para que no se le caigan encima. Si los inversores dejan de comprar letras cortas, el Gobierno tendrá que volver a los bonos largos aunque le duelan los rendimientos. Por ahora solo queda esperar a ver qué sale del sombrero el próximo miércoles.




