Las consultoras privadas estiman que los precios subieron entre 1,7 y 2 por ciento durante octubre, con los alimentos y bebidas empujando la cifra como quien aprieta un tubo de dentífrico vacío. El dato de septiembre cerró en 1,9 por ciento según el INDEC, dejando una variación interanual de 33,8 por ciento y una acumulada de 19,3 por ciento. La desaceleración sigue tropezando con los mismos obstáculos de siempre.
Analytica proyecta un alza del 2 por ciento y detectó que los alimentos avanzaron 0,8 por ciento solo en la tercera semana, con un promedio de 2,6 por ciento en las últimas cuatro. El menor aumento se registró en el Gran Buenos Aires con 0,6 por ciento, seguido por la Patagonia con 0,8 por ciento y el resto del país con 0,9 por ciento. Las diferencias regionales muestran que hasta el índice tiene sus favoritos.
Eco Go calcula 1,8 por ciento mensual y señala que los alimentos aportaron más que el promedio, mientras la ropa cayó 1,75 por ciento y ayudó a contener el golpe. Libertad y Progreso coincide con esa misma cifra. El Relevamiento de Expectativas del Mercado del Banco Central ubica la mediana en 1,7 por ciento y el promedio de las mejores consultoras en 1,8 por ciento.
BTG Pactual prevé que la inflación siga bajando y llegue a las elecciones del año próximo cerca del 23 por ciento, cerrando 2027 en torno al 22 por ciento. Sin embargo, advierte que un salto en el petróleo o en la carne vacuna podría desbaratar el plan. Una recuperación más fuerte de la actividad también podría generar cuellos de botella y presiones extra en algunos rubros.
El frente cambiario sigue siendo el invitado incómodo que nadie quiere en la mesa. Si la volatilidad electoral calienta el dólar, el Gobierno podría subir las tasas reales para frenarlo, aunque eso limite el crédito y el ritmo de la recuperación. Al final, la inflación se comporta como un resfrío crónico que aparece cada vez que uno baja la guardia.




