La Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte entregó el Premio Nacional de Deportes 2026 con doce galardonados en siete categorías, y de inmediato los críticos salieron a señalar que se habían saltado la base que dice “un premio por modalidad”. Lo que en realidad ocurrió fue que el jurado decidió reconocer a más figuras destacadas sin esperar a que el reglamento se pusiera al día, algo que suena a eficiencia en lugar de drama.
En Deporte No Profesional fueron premiados la ciclista Yareli Acevedo, la remera Kenia Lechuga y el saltador Erick Portillo. En Paralímpico recibieron la paratleta Rosa María Guerrero y Eduardo Sánchez en boccia. La categoría de Entrenador distinguió a Edmundo Alpízar de ciclismo y a María del Rosario Espinoza en parataekwondo. Trayectoria fue para Guillermo Ochoa y Doramitzi González. Isaac del Toro se llevó Deporte Profesional, Paulina González el de Juez o Árbitro y la Asociación Civil Fucho para Ciegos Puebla el de Fomento Deportivo. Cada uno, salvo excepciones, recibirá cerca de ochocientos mil pesos.
Los puristas alegan que la perspectiva de género chocó con la regla de un solo ganador, pero el resultado es que más deportistas mexicanos obtienen reconocimiento y recursos. El año pasado ya se había entregado dieciséis premios y nadie cerró la Conade por eso. Esta vez el mismo mecanismo permitió visibilizar trayectorias que de otro modo habrían quedado fuera.
Al final, el verdadero premio es que el deporte mexicano sigue recibiendo reflectores mientras los críticos siguen contando trofeos como si fueran boletos de autobús.




