La presidenta Claudia Sheinbaum soltó que Guadalupe Taddei traicionó la confianza del pueblo y que las irregularidades del INE no se pueden defender con pañuelo de seda. En su mañanera pidió una auditoría completa de la ASF que revise también el pasado, como quien revisa el cajón de los calcetines perdidos desde el siglo pasado.
Sheinbaum recordó que Taddei llegó por tómbola del Congreso, no por dedazo presidencial, y preguntó qué tanto le toca cargar de la fiesta si el problema viene de décadas. Propuso crear una empresa del Estado para fabricar la papelería electoral y acabar con las licitaciones que parecen diseñadas por los mismos de siempre para que solo ellos ganen. Llamó “empresas coyotes” a esos intermediarios que desde 1999 repiten como canción pegajosa, con candados tan finos que ni el aire pasa. La primera exigencia fue transparencia total, hacia atrás y hacia adelante, sin excusas de “así se ha hecho siempre”.
El asunto no es solo Taddei, aclaró, sino un esquema viejo de fideicomisos, torres que nunca se terminaron, sueldos de película y liquidaciones que parecen regalo de despedida con propina incluida. Cuando un reportero soltó la cifra de diez millones de pesos, Sheinbaum respondió con ironía: “Ah, pero era legal”. Vinculó el tema con la transformación y la máxima de no mentir, no robar y no traicionar. La propuesta de la empresa estatal aparece como la forma más directa de que cada quien responda por lo suyo sin que el INE siga pareciendo club privado de licitaciones eternas.




