El Banco Mundial decidió que las materias primas merecen un aumento de precio como si fueran entradas a un concierto agotado. La culpa la tienen las interrupciones energéticas por la guerra en Medio Oriente y el temido El Niño, que amenaza las cosechas como un vecino ruidoso que no deja dormir a nadie. Según el informe, los precios de la energía subirán un 32 por ciento en 2026, rompiendo tres años de caídas.
El petróleo se quedará en un promedio de 91 dólares por barril este año. La oferta mundial caerá un 5,2 por ciento, el mayor descenso en más de cuatro décadas si se excluye el año de la pandemia. Las economías que importan gas natural ya sienten la presión como quien recibe una factura de luz en pleno verano.
Los agricultores se preparan para inundaciones, sequías y estrés térmico por El Niño. El banco calcula un aumento acumulado del 18 por ciento en los precios de los alimentos entre este año y el siguiente. Ayhan Kose, economista del organismo, advirtió que varias crisis golpean los mercados al mismo tiempo.
El consumo mundial de petróleo bajará un 2,5 por ciento este año, el tercer descenso anual más grande registrado. Los precios altos frenan el uso y los vehículos eléctricos, sobre todo en China, explican parte de esa caída. El repunte esperado para el próximo año es apenas leve.
Los metales subirán un 25 por ciento en 2026, con el aluminio, el cobre y el estaño alcanzando máximos históricos. La demanda se mantiene firme por inversiones en redes eléctricas, vehículos eléctricos y centros de datos. Al final, los consumidores pagarán la cuenta mientras los mercados celebran como quien gana la lotería con billete ajeno.




