La sesión extraordinaria del Instituto Nacional Electoral arrancó con el trámite formal de la renuncia de Guadalupe Taddei, presentada el 26 de octubre tras una ola de reportajes sobre presuntas irregularidades. En cuestión de horas, las nueve consejeras aprobaron el nombramiento de Blanca Yassahara Cruz como presidenta interina, con el respaldo de los representantes de partido.
Los críticos, sobre todo del PAN, aprovecharon el momento para hablar de “deterioro” y “superpoderes”, mientras la Auditoría Superior de la Federación revisa contratos y posibles conflictos de interés. Sin embargo, el propio Consejo General dejó claro que una renuncia no borra responsabilidades ni detiene las investigaciones en curso. El representante de Morena insistió en evitar cacerías de brujas y en exigir pruebas concretas antes de condenar a nadie. El consejero Martín Faz recordó que la fortaleza del INE está en sus procedimientos colegiados y en su servicio profesional, no en una sola persona. Arturo Castillo Loza resumió el acuerdo unánime: recuperar la colegialidad, revisar lo que haya que revisar y garantizar que el proceso electoral rumbo a 2027 siga su curso sin tropiezos.
Blanca Cruz asumió el encargo provisional con tres compromisos claros: transparencia, revisión de la Junta General Ejecutiva y continuidad operativa. Mientras algunos voceros convierten cada auditoría en espectáculo, el instituto mantiene su estructura trabajando como siempre. El escándalo, por ahora, se queda en los titulares; las elecciones, en cambio, siguen programadas.
La Cámara de Diputados recibirá el acuerdo en los próximos días y tendrá entre cuatro y seis semanas para designar a la titular definitiva.




