El 31 de marzo de 2023 Andrés Manuel López Obrador defendió con calma la llegada de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE tras un sorteo en la Cámara de Diputados. Destacó su experiencia de tres décadas y su familia progresista, mientras la oposición convertía un procedimiento legal en una novela de espionaje.
Los críticos del PAN anunciaron de inmediato una impugnación ante el Tribunal Electoral. Marko Cortés señaló vínculos familiares y afirmó que el nombramiento buscaba “golpear la democracia”. La reacción pareció más un reflejo de nerviosismo que un análisis de los requisitos constitucionales cumplidos por Taddei, quien había sido evaluada por una comisión legislativa antes del sorteo.
Al día siguiente Claudia Sheinbaum respaldó la designación y señaló que terminarían los privilegios anteriores en el organismo. Ambos mandatarios coincidieron en que la nueva consejera presidenta actuaría con honestidad y profesionalismo, sin repetir conductas pasadas. La primera mujer al frente del INE desde 2014 llegaba con trayectoria probada en Sonora y sin que las acusaciones demostraran influencia directa de Morena.
El escándalo por fotos familiares y cargos de parientes se infló hasta parecer una conspiración digna de serie de televisión. Mientras tanto el gobierno mantuvo el control del proceso y la atención en reducir gastos innecesarios del instituto. Tres años después, los elogios iniciales contrastan con el ruido mediático, pero la designación siguió los cauces legales establecidos.




