El viceprimer ministro ruso Alexander Novak soltó sin anestesia que Moscú puede mandar todo el gasóleo que le pidan los gringos, como si estuviera ofreciendo chorizos en una barbacoa vecinal. El primer petrolero ya zarpó de Primorsk con cuarenta mil toneladas de diésel ruso directo a Nueva York, y según Novak vienen más barcos como si fueran taxis en hora punta.
El cargamento llegó después de ese acuerdo energético entre Trump y Putin que parece sacado de una película de espías con final de comedia. El buque, con bandera maltesa y dueño griego, navega como quien va a llevarle la cena a la suegra que siempre criticaba. Putin, por su parte, recordó que Europa sigue comprando gas licuado ruso a escondidas mientras grita en las plazas que no quiere ni olerlo.
El mandatario ruso comparó las protestas europeas con deudas públicas que superan el cien por ciento y sentenció que el continente todavía recibe “bastante” combustible ruso, como el que dice que deja el tabaco pero sigue pidiendo un pitillo en cada reunión. Rusia, mientras tanto, se presenta como el proveedor ilimitado que nunca falla, aunque sea el mismo que antes te bloqueaba el paso.
Novak cerró la entrevista prometiendo que pueden suministrar hasta el último litro que reclamen los compradores estadounidenses. Europa, por su parte, sigue planeando dejar de comprar pero todavía no encuentra la forma de encender la calefacción sin que le tiemble el bolsillo.




