Las elecciones en Brasil podrían decidir el rumbo de la Amazonía y los minerales raros

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Las votaciones del próximo 25 de octubre en Brasil prometen agitar toda América Latina como si alguien removiera un avispero gigante. El país, que representa un tercio del producto interno bruto regional, tiene en sus manos decisiones que afectarán el comercio, las inversiones extranjeras y el control de recursos como las tierras raras, el petróleo y los alimentos. Una victoria de Lula da Silva podría frenar el avance de la derecha, mientras que un triunfo de Flávio Bolsonaro seguiría la línea de gobiernos conservadores ya instalados en varios países vecinos.

Lula apuesta por mantener la explotación de minerales bajo control público o mixto, mientras Bolsonaro prefiere abrir las puertas a capitales extranjeros. Brasil posee la segunda reserva mundial de tierras raras y el 90 por ciento de la producción de niobio, además de una cuarta parte de las reservas de grafito. Estas cifras convierten al país en un botín estratégico que tanto Estados Unidos como China miran con ojos codiciosos.

El alineamiento político del próximo presidente brasileño marcará la distancia con Washington. Lula ya tuvo roces tensos con Trump y prefiere fortalecer el Mercosur y la integración regional. Bolsonaro, en cambio, busca un acercamiento estrecho con Estados Unidos y promete facilitar el acceso de empresas extranjeras a los minerales críticos que Washington quiere quitarle a China.

La producción petrolera brasileña alcanza ya 3,77 millones de barriles diarios y los agronegocios amenazan con desplazar a Estados Unidos del primer lugar mundial en exportaciones agrícolas. Las ventas de soja, carnes y cereales hacia China podrían crecer más del 20 por ciento el próximo año, compensando cualquier caída en el mercado estadounidense. Todo depende de quién gane y de qué socios elija para distribuir esos recursos.

La deforestación en la Amazonía cayó a su nivel más bajo en casi cuarenta años durante el gobierno de Lula, mientras que en la era Bolsonaro alcanzó cifras récord de más de diez mil kilómetros cuadrados perdidos. Los votantes decidirán si esa tendencia de protección continúa o si se revierte por completo.

Al final, el resultado electoral definirá si Brasil vende sus riquezas al mejor postor o las guarda bajo llave con llave de siete vueltas, mientras el resto de la región observa como quien mira un partido de fútbol sin saber quién paga la cuenta al final.

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