Resulta que el Gobierno de Japón le ha montado un berrinche digno de telenovela a Rusia, exigiendo que le devuelvan a su periodista, Imai Yuki, a quien los rusos acusan de ser más espía que James Bond, pero con menos estilo y sin coche de lujo. Al parecer, el pobre diablo del reportero solo estaba preguntando dónde vendían el mejor vodka y si los osos de verdad andan en monociclo, pero el Servicio Federal de Seguridad (FSB) lo tomó como un intento de robarse la receta secreta del Kremlin.
En un intento desesperado por resolver el lío, Japón mandó a un señor muy trajeado a Moscú para hablar con una señora rusa igual de seria. La conversación fue algo así como: «Oye, devuélveme a mi muchacho», a lo que Rusia respondió con un diplomático: «Vamos a ver tus papeles, y de paso, deja de molestar a mi oso». Mientras tanto, al periodista lo mandaron al hotelucho Lefortovo en Moscú, que seguro no tiene cinco estrellas en ninguna guía de viajes. Ambas naciones acordaron seguir mandándose mensajes por WhatsApp, pero con emojis de carita enojada, porque la relación está más tensa que cuerda de violín en un concierto de heavy metal.
Y como si fuera poco, este dramón de espionaje destapó el viejo pleito de vecindad por las islas Kuriles, un puñado de rocas que se llevan disputando desde que los dinosaurios usaban taparrabos. Japón dice que quiere «destrabar la disputa», que es la forma elegante de decir que quieren que Rusia les devuelva el juguete que les quitaron en 1945. Pero Vladimir Putin, para echarle más leña al fuego, se fue de paseo a una de las islas a tomarse una selfi, lo que a Tokio le sentó peor que una sopa fría en invierno.
Al final, Japón jura y perjura que están haciendo todo lo posible para proteger a su ciudadano, lo que probablemente significa que le están enviando cartas de ánimo y pensando muy fuerte en él. El periodista, por su parte, sigue siendo el jamón del sándwich en una pelea de dos gigantes que no se ponen de acuerdo ni en la hora. Mientras tanto, Imai Yuki seguro está aprendiendo a decir «socorro» en ruso y a jugar ajedrez con su propia sombra. ¡Qué emocionante es la diplomacia internacional




