Colombia se prepara para el apocalipsis con un simulacro, pero no todos tienen permiso para entrar en pánico

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Saquen sus cascos de construcción y preparen sus botiquines, porque este miércoles 21 de octubre llega el Simulacro Nacional 2026, el evento anual donde toda Colombia finge que el mundo se acaba. La jornada se dividirá en dos actos, como una obra de teatro mal financiada: uno a las 10:00 a. m. para la gente de a pie y otro a las 2:00 p. m. para los peces gordos. La gran novedad de este año es que no todo el mundo tiene que salir corriendo como si hubiera visto una cucaracha voladora; la evacuación es opcional, dependiendo de lo que diga el libreto de cada quien.

El primer turno, el de las 10:00 a. m., es para el pueblo: oficinistas, estudiantes, familias y cualquier mortal que quiera sentir la adrenalina de una catástrofe controlada. Aquí la idea es que cada uno ponga a prueba su plan, que seguramente consiste en buscar tutoriales de supervivencia mientras el edificio se viene abajo. Es la oportunidad perfecta para descubrir que la salida de emergencia de su oficina ha sido un depósito de traperos durante los últimos cinco años.

Luego, a las 2:00 p. m., llega el turno de la élite gubernamental. Alcaldes, gobernadores y demás autoridades se encerrarán para validar sus «Estrategias Territoriales de Respuesta a Emergencias», un nombre rimbombante para decir que practicarán cómo dar órdenes por teléfono. Mientras la ciudadanía ensaya cómo no ser aplastada por un muro, ellos revisarán sus presentaciones en Power Point y afinarán su capacidad para tomar decisiones, como a qué hora piden el almuerzo.

Según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el objetivo no es solo correr, sino «fortalecer capacidades» y «validar protocolos». En español simple, esto es un examen sorpresa para ver si alguien leyó el manual de emergencia que les enviaron por correo electrónico en 2019. El simulacro busca identificar fallas, lo que garantiza que descubriremos que el plan de evacuación de la empresa depende de un tipo que justo ese día se incapacitó.

Así que no se extrañe si este miércoles suena una alarma y su jefe le dice que se quede quieto terminando un informe mientras el resto del edificio sale en estampida. Podría ser un simulacro, una emergencia real o, simplemente, otra directriz confusa de la gerencia. La recomendación es simple: tenga a la mano su celular para grabar el caos y siga a la multitud, que usualmente tiene mejor instinto que cualquier plan oficial.

Al final del día, el simulacro servirá para generar un montón de informes que demostrarán que estamos magníficamente preparados en papel. La verdadera prueba de supervivencia será entender las instrucciones. Si logra descifrar si le toca evacuar, refugiarse o simplemente seguir trabajando, ya puede considerarse un experto en gestión del riesgo.

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