El sueño americano de la casita propia se va al caño más rápido que tu quincena

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Resulta que en Estados Unidos, la idea de construir una casita con cerca blanca se está desmoronando como galleta de animalitos remojada en café. La construcción de viviendas unifamiliares y los permisos para empezar a poner ladrillos se desplomaron en septiembre, demostrando que el sueño americano ahora viene con una pesadilla de pagos mensuales impagables. El mercado inmobiliario está más inestable que tu tío después de tres tequilas en la cena de Navidad.

Los números son para llorar en posición fetal. La construcción de viviendas para una sola familia, que es básicamente el pan y la mantequilla del sector, se cayó un dramático 4.6%. Mientras tanto, las tasas hipotecarias se dispararon a un jugoso 7.40%, un interés que no veían desde que los dinosaurios caminaban por la Tierra, o casi. Con esos números, comprar una casa se siente más como una sentencia que como una inversión para el futuro.

Como era de esperarse, los constructores tienen una cara más larga que un lunes sin paga. Su confianza se hundió a niveles no vistos desde 2012, y ahora andan llorando por las esquinas. Le echan la culpa al aumento de los costos de los materiales, al diésel caro y hasta a las políticas de inmigración que, según ellos, les complican encontrar mano de obra. Básicamente, se quejan de todo menos del clima.

Aquí viene la parte más absurda y cómica de este circo. A pesar de que la gente no está comprando, hay un exceso de casas nuevas sin vender acumulando polvo en el mercado. Pero, ¡sorpresa!, al mismo tiempo hay una escasez nacional de viviendas, lo que mantiene los precios por las nubes. Es el equivalente a morirse de sed en medio del océano: hay casas por todos lados, pero ninguna que puedas pagar sin vender un riñón.

Por supuesto, los políticos ya están usando este desastre para sus discursos de campaña, prometiendo soluciones mágicas mientras se culpan unos a otros. No olvidemos que el expresidente Trump, cuando le presentaron un proyecto de ley sobre vivienda asequible, lo calificó como «un gran bostezo». Al parecer, ayudar a la gente a tener un techo no era tan emocionante como sus otras ocurrencias.

Así que, después de un brevísimo momento de optimismo, la inversión residencial retomó su espectacular caída libre. Si tenías la esperanza de conseguir tu propio nidito de amor, parece que por ahora tendrás que conformarte con ver casas en programas de televisión y seguir pagando una renta que vale más que tu vida entera. ¡Qué divertido es ser adulto

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