Parece que el Banco de la República se inspiró en el manual del perfecto tacaño y ha salido de compras, pero con una regla de oro: solo adquiere dólares si están más baratos que el pan de ayer. La institución ya ha logrado acumular más de US$1.000 millones en su alcancía de reservas internacionales, demostrando que tiene la paciencia de una abuela esperando las rebajas de enero. Esta estrategia de comprar solo en liquidación ya representa el 27% de su meta, que es juntar la friolera de US$4.000 millones.
El truco es tan simple que hasta un político lo entendería: el Banco solo saca la billetera cuando el precio del dólar está por debajo de su promedio de los últimos 20 días. En otras palabras, si la divisa se pone creída y sube de precio, los señores del Emisor se cruzan de brazos y miran para otro lado como si no les interesara. Es la versión financiera de decirle al vendedor: «lo he visto más barato en otro lado», hasta que el precio cede por pura vergüenza.
Esta telenovela del ahorro ha tenido sus altibajos. En agosto, el plan funcionó de maravilla y se compró todo lo posible, pero en septiembre el dólar se cotizó al alza y el Banco apenas pudo pellizcar US$296,3 millones. Sin embargo, octubre fue la fiesta del descuento: el dólar se desplomó más de un 3,5% y la entidad se lanzó a comprar como si fuera el último día del mundo, agotando todo el cupo del mes antes de que llegara la quincena.
¿Y para qué tanto afán de juntar billetes verdes? Según el Banco, es para fortalecer la «liquidez externa del país» y tener un colchón por si la economía mundial decide estornudar. Básicamente, están construyendo una muralla de dinero para que, si las cosas se ponen feas, Colombia pueda decir que tiene con qué pagar el arriendo y las facturas internacionales sin tener que empeñar la platería de la abuela.
El resto del plan para alcanzar los US$4.000 millones depende enteramente del humor del dólar. Si la divisa sigue de capa caída, el Banco completará su meta más rápido que un repartidor en moto. Pero si al dólar le da por subir, el proceso de acumulación se volverá más lento que una conexión a internet en medio del campo, demostrando que hasta para las finanzas de un país, todo es cuestión de esperar la oferta correcta.



