El cobre chileno está en un hoyo más profundo que sus propias minas

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Chile, el que se supone es el rey del cobre y el mandamás del metal rojizo, anda con más problemas que protagonista de telenovela de las nueve. Entre minas más viejas que un chiste de suegras, accidentes fatales que parecen sacados de una película de acción barata y un clima más bipolar que un adolescente, su producción se ha desplomado a niveles no vistos desde que la gente usaba el internet de marcación telefónica. El gigante de la minería parece que tropezó con su propio pico y pala.

La cosa está que arde, y no por el calor de las fundidoras. En el último mes, al menos siete trabajadores se han ido al otro barrio, lo que sugiere que la seguridad laboral es tan sólida como un flan de sobre. Para colmo, el clima se ha puesto en modo dramático, lanzando avalanchas, lluvias y nevadas como si la Madre Naturaleza estuviera tratando de cancelar la producción. Y como si fuera poco, los sindicatos y las empresas viven en un eterno “tira y afloja” con huelgas que paralizan todo más rápido que un chisme en la oficina.

El verdadero problema de fondo es que a las minas chilenas ya les urge la jubilación. El mineral de alta calidad escasea, y ahora los mineros tienen que cavar más hondo que un político buscando votos para sacar la misma cantidad de cobre. Los analistas, esos tipos que arruinan la fiesta con datos, estiman que la producción cae un 2% anual por puro desgaste natural, como las rodillas después de los treinta. El propio Ministro de Hacienda tuvo que admitir que el país atraviesa una “grave recesión minera”, que es la forma elegante de decir “estamos hasta el cuello”.

El protagonista de este desastre con patas es Codelco, la empresa estatal que parece estar haciendo todo lo posible por cavar su propia tumba. Sus grandes proyectos para modernizar las operaciones han tenido más arranques en falso que un auto viejo en pleno invierno. Para añadirle sal a la herida, ahora están investigando si alguien infló las cifras de producción de años anteriores, lo que sería el equivalente corporativo a usar un filtro de belleza en la foto de perfil.

Así que no, no espere una solución milagrosa para mañana. Los expertos calculan que Chile no volverá a sus niveles de producción gloriosos hasta por lo menos el 2030. Mientras tanto, la industria cojea, los precios se tambalean y el resto del mundo mira con nerviosismo. En resumen, el mercado tendrá que acostumbrarse a un Chile que ya no es el campeón mundial del cobre, sino más bien ese tío que se cansa subiendo un tramo de escaleras.

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