Hay líderes que motivan con discursos y otros que, visiblemente afectados por la anestesia, deciden revelar los secretos del universo. Alejandro Irarragorri, mandamás del Club Santos, eligió la segunda opción tras una operación de vesícula de emergencia el pasado 18 de octubre, transformando su convalecencia en un congreso místico.
Rodeado de su directiva y jugadores, quienes seguramente esperaban un parte médico, Irarragorri se lanzó a una revelación cósmica. Primero felicitó a Gonzalo Pineda por sus 44 años, pero no por cortesía, sino para exponer una verdad oculta: “Cuatro más cuatro es ocho y yo cumplí veintiséis y dos más seis es ocho”. El silencio en la sala debió ser sepulcral. Con la certeza de un gurú, sentenció que después del séptimo título, la octava estrella estaba escrita en esta alineación planetaria de cumpleaños. Los presentes, entre confundidos y conmovidos, asistieron al nacimiento de la “estrategia numerológica” para ganar campeonatos. Agradeció también el cariño de la afición, probablemente sin saber si era por su salud o por haber descifrado el código Da Vinci del fútbol.
Con la confianza de quien acaba de ver el futuro en una sopa de letras, aseguró que los “arquitectos del proyecto” llevarían al equipo a la gloria. Los jugadores, por su parte, salieron del hospital con una nueva tarea: dejar de entrenar con el balón y empezar a practicar con ábacos. El espíritu inquebrantable ahora se mide en sumas y restas.



