¡Atención, terrícolas con problemas de primer mundo! El empresario y a veces presidente, Donald Trump, se levantó con ganas de ser el organizador de eventos del año y propuso una reunión que suena más a junta para organizar la carne asada del fin de semana que a una cumbre geopolítica. El plan maestro: juntarse con sus amigotes Vladimir Putin y Xi Jinping para ver si, de una vez por todas, arreglan el desastre en Ucrania y de paso discuten sobre quién tiene los juguetes nucleares más grandes.
En un arrebato de diplomacia de servilleta, Trump declaró a las puertas de la Casa Blanca: «Yo lo haría, sí», como quien acepta a regañadientes llevar los refrescos a la fiesta. La idea es que los tres «compadres» se sienten a «hablar de armas nucleares y desnuclearización», probablemente mientras juegan una partida de póker y se culpan mutuamente de todo. La propuesta, que según el Kremlin salió del propio Putin, fue recibida con la misma emoción que una invitación a una junta de condominio. El portavoz ruso dijo que sí, hablaron del tema, pero que no hay nada concreto, y la vocera china aseguró no tener ni idea, como cuando te preguntan por la tarea que no hiciste.
Pero el verdadero drama, digno de telenovela de las nueve, es el ninguneo olímpico a Volodimir Zelensky. Mientras planea su club de Tobi, Trump no perdió la oportunidad de lanzarle un dardo envenenado. «Ya es hora de que Zelensky ponga a otra persona a negociar», soltó el mandatario, básicamente sugiriendo que el ucraniano es tan buen negociador como un vendedor de enciclopedias en la era de internet. Según Trump, si le hubieran hecho caso desde el principio, «tendría a un millón de personas más vivas», una afirmación tan modesta como decir que él inventó las papas fritas.
Como era de esperarse, a Zelensky no le hizo ni pizca de gracia que planearan el futuro de su país sin invitarlo siquiera a los canapés. El presidente ucraniano pegó el grito en el cielo, acusando a Washington de buscar que se rinda al limitarle el chismecito de inteligencia y retrasarle la entrega de misiles, que es como ir a una pelea de almohadas con un matamoscas. Para colmo, denunció que le cortaron el internet de Starlink, dejándolo más desconectado que abuelito tratando de usar TikTok. Cuando le preguntaron a Trump sobre el corte, se lavó las manos con la clásica respuesta de «yo no fui, fue Teté».
Y mientras este circo de tres pistas decide si se reúnen para el café o para repartirse el mundo, la realidad sigue su curso con la misma delicadeza de un elefante en una cristalería. Un dron ruso convirtió un parque en Kharkiv en un cráter, llevándose por delante a seis personas. Así que, mientras los «grandes líderes» discuten la agenda de su próxima reunión, el resto de nosotros solo podemos esperar que al menos se pongan de acuerdo en quién va a pagar la cuenta. Porque, al final del día, siempre la pagamos los mismos.



