El gobierno consiente al diésel como a hijo pródigo y a tu gasolina la deja en visto

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¡Atención, transportistas, traileros y dueños de maquinaria pesada! El gobierno federal se ha puesto espléndido y ha decidido que ustedes son los consentidos del reino, aumentando el subsidio al diésel a su nivel más alto del año. Es como si Santa Claus hubiera llegado en octubre, pero solo para quienes queman el combustible más ruidoso y apestoso. Mientras tanto, el resto de los mortales con cochecitos de cuatro cilindros observamos desde la barrera.

Informe El Chapucero

La magia fiscal es digna de un truco de escapismo: por cada litro de diésel, el gobierno les perdona la vida con un apoyo total de 9.71 pesos. Esto significa que, aunque el precio real debería rondar los estratosféricos 36.72 pesos por litro, ustedes lo pagan a un módico precio de 27.01 pesos. Si no fuera por este acto de caridad pública, llenar el tanque de un camión costaría lo mismo que adoptar a un panda del zoológico.

Pero no todos en esta fiesta reciben el mismo trato, claro que no. Mientras los reyes del diésel nadan en subsidios, a los conductores de gasolina Magna y Premium les aplicaron un “ajuste”, que es la forma elegante de decir que les toca pagar un poco más. A la Magna le recortaron 33 centavos de apoyo y a la Premium 29 centavos, porque al parecer la austeridad tiene que empezar por algún lado. Ahora pagaremos 2.71 pesos de impuesto por cada litro de Magna y 1.91 por la Premium.

Gracias a esta maroma financiera, los precios en las gasolineras mexicanas se han mantenido más estables que un matrimonio de 50 años. Mientras que en Estados Unidos la gasolina ha subido un 46% desde que empezó el último conflicto en Irán, aquí apenas hemos sentido un cosquilleo del 0.60%. Allá necesitan vender un riñón para ir al supermercado; aquí solo tenemos que quejarnos en redes sociales.

Todo este circo se debe a que el planeta entero decidió que la paz era aburrida y ahora el petróleo está más caro que un aguacate en diciembre. Con misiles volando por Arabia Saudita, Irán amenazando con cerrar el changarro del estrecho de Ormuz y Ucrania bombardeando refinerías rusas, el precio del barril está más nervioso que un novio en el altar. Los mercados tiemblan cada vez que alguien estornuda cerca de un pozo petrolero.

Así que disfruten su combustible casi regalado mientras puedan, porque esta generosidad tiene un costo fiscal que eventualmente pagaremos todos. Tarde o temprano, el Tío Hacienda vendrá a cobrar la cuenta con intereses, y para entonces, quizá hasta el aire que respiramos tenga su propio Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. ¡A llenar el tanque, que el mundo se va a acabar

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