Se desata la pelea de sobremesa en Brasil: Lula y Bolsonaro se dicen de todo menos bonito

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En lo que se suponía era un debate presidencial pero que terminó pareciendo el especial de fin de año de un programa de chismes, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se sacaron los trapitos al sol en la televisión brasileña. La cita, más esperada que el aguinaldo, sirvió para que ambos candidatos demostraran que tienen más ganas de insultarse que de gobernar, mientras el país entero se prepara para elegir entre un susto y un espanto.

Informe El Chapucero

El primer asalto verbal llegó más rápido que una multa de tránsito. Lula, con una corbata que gritaba «¡Brasil!» más fuerte que un vendedor de playa, decidió marcar su distancia con Bolsonaro, alegando que no quería contagiarse de «vibras de miliciano». Flávio, ni corto ni perezoso, le respondió que mejor se alejara, no fuera a ser que le desapareciera la billetera, y para rematar la faena, mostró una anotación en su mano que decía «Corrupto», un truco que no se veía desde el examen de matemáticas de quinto de primaria.

La telenovela familiar no tardó en aparecer. Bolsonaro Jr. le tiró un dardo a la primera dama, Janja, y Lula, ofendido como tía a la que no invitaron a la boda, lo llamó «malandro» y «payaso». Para no quedarse atrás, Bolsonaro se la pasó haciendo monerías detrás de Lula, negando con la cabeza como si fuera un muñeco de esos que se ponen en el tablero del coche. La cosa se puso tan densa que hasta los hijos de ambos salieron embarrados en el lodo de las acusaciones, demostrando que en política, como en las cenas de Navidad, la familia siempre acaba siendo un arma arrojadiza.

Como si el circo local no fuera suficiente, decidieron invitar al ring a figuras internacionales. Lula, con la sutileza de un elefante en una cristalería, acusó a su rival de querer aplicar un recorte de gastos tan brutal que le preguntó si ya le había pedido prestada la motosierra a su colega demente del sur, Javier Milei. También aseguró que toda la familia Bolsonaro le rinde pleitesía a Donald Trump, probablemente porque comparten el mismo tono de bronceado anaranjado. Mientras tanto, en las calles, el país se dividía en dos hinchadas: la roja de Lula y la verdeamarela de Bolsonaro, listas para el clásico de fútbol que definirá quién se queda con el trofeo de «Presidente por los próximos cuatro años». Que gane el menos peor.

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