En un giro de guion más predecible que el final de una telenovela, la compañía de inteligencia artificial Anthropic ha anunciado que creará un fondo de caridad para mitigar los problemas que su propia tecnología va a causar. Con una generosidad que conmueve hasta las lágrimas, destinarán un aplastante 5% de sus acciones para ayudar a la gente que, muy probablemente, se quedará sin empleo gracias a su invento. Es el equivalente a dejar una propina del 5% después de haber incendiado la cocina del restaurante.
Este ataque de bondad repentina llega justo cuando están a punto de lanzarse a la bolsa de valores y volverse más ricos que un político en año electoral. La empresa, creadora del modelo de lenguaje Claude, quiere lavar su imagen antes de que el mundo se dé cuenta de que su tecnología podría reemplazar a media humanidad. Es una estrategia de relaciones públicas tan sutil como usar un megáfono en una biblioteca para susurrar un secreto.
La cosa se pone buena cuando nos enteramos de las preocupaciones de la propia compañía sobre la seguridad de su creación. Anthropic le sugirió al gobierno estadounidense que una IA debería ser bloqueada si existe el riesgo de que mate a más de 50 personas o cause daños por más de mil millones de dólares. Un umbral de seguridad bastante tranquilizador, sin duda, que nos deja pensando en qué pasaría si causa “solo” 49 muertes.
Para calmar las aguas, el jefazo de Anthropic, Dario Amodei, se fue a tomar un cafecito a la Casa Blanca con Donald Trump para discutir los peligros de la IA. De la reunión salió un “pacto de caballeros” para que las empresas se autorregulen, lo que en el mundo real significa que seguirán haciendo lo que les dé la gana pero con una palmadita en la espalda del gobierno. Una solución tan efectiva como ponerle una curita a un tsunami.
Y hablando de tsunamis, la directora del Fondo Monetario Internacional advirtió que esta tecnología podría ser un “tsunami de avance lento” que arrase con los empleos peor pagados. Mientras tanto, Anthropic ha tenido sus propios dramas con el gobierno por intentar limitar el uso de su IA en el Pentágono, después de habérsela ofrecido para drones autónomos. Parece que ni ellos mismos se ponen de acuerdo sobre qué tan peligrosa es la criatura que han desatado.
Para que veas que son gente seria, juran y perjuran que ni un centavo de este fondo se usará para actividades de cabildeo ni donaciones políticas. Es decir, el dinero es para ayudar a los futuros desempleados, no para comprar favores que les permitan generar más desempleados. Qué alivio. Mientras tanto, el resto de los mortales quizás deberíamos ir puliendo el currículum.



